El debate por el cambio de huso horario en Argentina, que propone atrasar una hora los relojes para pasar a UTC-4, abrió una discusión que va más allá de lo técnico. En el centro de la polémica aparecen los efectos que esta medida podría tener sobre la salud, el bienestar y la vida cotidiana de los grupos más vulnerables.
El efecto en niños y adolescentes: sueño, escuela y biología
Para la población escolar, los especialistas advierten que el cambio puede desajustar los ritmos circadianos. En invierno, arrancar el día todavía de noche significa exponerse a un "jetlag social" que interfiere con el descanso, la atención y el rendimiento académico.
Andrea Goldin, investigadora del CONICET, recuerda que los adolescentes tienen un "pico de nocturnidad" natural, lo que hace que los horarios escolares resulten demasiado tempranos para su biología. En provincias del oeste, donde ya se sienten las diferencias horarias, esta dificultad se intensificaría.
Estudios internacionales comprobaron que, tras el cambio de hora en primavera, los estudiantes de secundaria pierden horas de sueño, lo que se traduce en reflejos más lentos y problemas de concentración.
La Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes pone la lupa en este punto: garantizar su salud y educación debe ser prioridad en el debate.
Neurodivergencia y cambios de rutina: un desafío extra
Para las personas neurodivergentes, como quienes tienen trastorno del espectro autista (TEA) o TDAH, las alteraciones horarias pueden ser aún más disruptivas. El neurólogo Pablo Salinas Carrizo (Universidad de Chile) advierte que estos cambios en el ritmo fisiológico y los ciclos de sueño generan un "desbarajuste" que se traduce en mayor fatiga, bajo rendimiento y dificultades para sostener la planificación diaria.
En el caso del TDAH, la alteración en la organización del tiempo vuelve la adaptación más lenta y compleja, lo que afecta tanto la vida escolar como la laboral y familiar.
Estrategias para mitigar el impacto
Frente a este panorama, los expertos recomiendan medidas prácticas para suavizar la transición:
- Ajustar horarios de a poco en los días previos al cambio, sobre todo en la hora de dormir y levantarse.
- Explicar a los niños el motivo del cambio para reducir la ansiedad y anticipar la nueva rutina.
- Cuidar la higiene del sueño, creando un ambiente oscuro y tranquilo para descansar, evitando pantallas al menos una hora antes de dormir y limitando comidas pesadas o ejercicio intenso en la noche.
- Exponerse a la luz natural durante el día, ya que es clave para que el reloj interno se adapte al nuevo ciclo.
Una discusión que va más allá del reloj
El cambio de huso horario no solo tiene implicancias energéticas o de sincronización con otros países. También toca de lleno en la biología humana y en los derechos de quienes más pueden sentir el impacto: niñas, niños, adolescentes y personas neurodivergentes.
La pregunta que queda flotando es si los beneficios técnicos alcanzan para justificar una medida que podría alterar la salud y el desarrollo de estas poblaciones.

