En la búsqueda por una vida más saludable, el primer paso suele ser abandonar las gaseosas tradicionales. Sin embargo, el refugio en las bebidas "Zero", aguas saborizadas o jugos de bajas calorías podría no ser la solución definitiva. Según advierte la nutricionista Aracelli Vallone, el consumo excesivo de estos productos industriales genera una respuesta en nuestro organismo que va mucho más allá de las calorías.
El "engaño" que activa la insulina
Uno de los puntos más críticos es cómo reacciona el páncreas ante el sabor dulce, aunque este provenga de un edulcorante artificial. "El cuerpo lo percibe como dulce y reacciona liberando insulina. Quizás no se eleva la glucemia porque no hay azúcar real, pero el cuerpo está preparado para activar el páncreas ante el ingreso de algo dulce", explica Vallone.
Este proceso, sostenido en el tiempo, puede resultar contraproducente. Al forzar el trabajo del páncreas de manera constante, se corre el riesgo de que los valores metabólicos comiencen a alterarse, pudiendo derivar en cuadros de resistencia a la insulina tras años de este hábito.
El umbral del dulzor: un paladar anestesiado
Otro gran problema de las bebidas industriales es su alta concentración de endulzantes. Existen edulcorantes que endulzan entre 200 y 600 veces más que el azúcar común. Esta sobreestimulación hace que nuestro paladar se adapte a un nivel de dulzor irreal.
Como consecuencia, los alimentos naturales empiezan a perder atractivo. "Todo lo que comamos o tomemos nos resulta desabrido, porque estamos acostumbrados a un nivel de dulce muy alto", señala la especialista. Esto genera un círculo vicioso donde el agua mineral parece "insípida" y el cuerpo pide cada vez más ultraprocesados.
¿Por qué no reemplazan al agua?
Es común escuchar que "tomar jugo sin azúcar es lo mismo que tomar agua", pero la ciencia dice lo contrario. Nuestro cuerpo es 70% agua y necesita el líquido en su estado más puro para funcionar, especialmente en días de altas temperaturas.
Además del tema del azúcar, muchas de estas bebidas contienen fósforo y cafeína, componentes que, en exceso, pueden desbalancear el circuito metabólico que regula los riñones, el hígado y la salud ósea.

