La Argentina enfrenta un retroceso sanitario sin precedentes en su historia reciente. Según datos del último informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud, la tasa de mortalidad infantil aumentó de 8 a 8,5 por cada 1.000 nacidos vivos. Este incremento, aunque parece marginal, representa la primera suba sostenida desde la crisis de 2002, quebrando una tendencia de descenso que se mantenía desde hace más de veinte años.
Las provincias más golpeadas por la crisis
El relevamiento geográfico expone una desigualdad estructural profunda en el acceso a la salud. Corrientes se posiciona como el distrito con la tasa más elevada del país, alcanzando los 14 decesos por cada 1.000 nacimientos. Le siguen Chaco (11,8) y La Rioja (11,7), mientras que Formosa y Santiago del Estero también superan los dos dígitos. En total, se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses durante el último período anual analizado, una cifra que enciende las alarmas de los organismos internacionales.
En contrapartida, la Ciudad de Buenos Aires reportó el índice más bajo con 4,9 óbitos, evidenciando la brecha de recursos entre el centro y el norte del país. La tasa de mortalidad infantil es el indicador más sensible para medir el desarrollo socioeconómico y la eficacia de los sistemas de salud pública. Este repunte, que solo tuvo antecedentes similares en 2007 y durante la salida de la pandemia en 2022, obliga a las autoridades a revisar de forma urgente los programas de atención neonatal y el seguimiento de embarazos de riesgo en las zonas más vulnerables de la Argentina.