El Interactivo

De Argentina a Tulsa: la historia del joven que potencia startups científicas en EE.UU.

Un joven ingeniero argentino encontró una forma distinta de impulsar la innovación regional y hoy trabaja desde un punto inesperado de Estados Unidos.

Por Fernando García

Augusto Boretti. — -

A los 27 años, el ingeniero industrial argentino Augusto Boretti se encuentra liderando un desafío poco habitual: transformar descubrimientos científicos latinoamericanos en empresas capaces de competir en Estados Unidos. Desde Tulsa, Oklahoma —una ciudad más asociada a la energía que a la biotecnología— impulsó WeArePalta, una agencia que nació para resolver un problema frecuente: la dificultad de las startups científicas para traducir su conocimiento en modelos de negocio comprensibles para inversores y clientes.

De un emprendimiento frustrado a detectar una oportunidad global

La historia de WeArePalta se remonta a cuatro años atrás, cuando Boretti formó parte de una startup de mejoramiento genético de cultivos tradicionales. El proyecto reunía a perfiles de negocios y científicos provenientes del INTA, pero se enfrentó a un obstáculo recurrente en América Latina: explicar procesos complejos a quienes no vienen del ámbito científico.

"Nos costaba transmitir todo lo que hacíamos para que lo entendiera un inversor o un cliente. Muchos científicos vienen de la academia, y ahí se genera un cuello de botella", recordó Boretti en diálogo con El Interactivo.
La empresa no prosperó, pero dejó una inquietud que terminaría guiando su carrera: cómo traducir la ciencia dura en una propuesta comercial clara.

A partir de esa experiencia comenzó a ofrecer consultorías orientadas a convertir tecnología en estrategias de negocio. Durante los primeros dos años, el foco estuvo puesto casi exclusivamente en levantamiento de capital, armando un equipo interdisciplinario que combinó diseñadores, comunicadores, biólogos y tecnólogos.

Con el tiempo, las startups comenzaron a pedir un acompañamiento más amplio. "Al principio nos decían: buenísimo, levanté capital. Pero después necesitaban hablar con clientes. Ahí sumamos marketing, pero siempre enfocado en empresas de base científica", explicó.

Hoy WeArePalta trabaja con compañías que van desde estadios tempranos —buscando rondas de 200 o 300 mil dólares— hasta otras ya instaladas en el mercado estadounidense.

Un negocio pensado desde el inicio para el mercado internacional

Si bien la agencia nació en Argentina, desde el principio el objetivo fue mirar hacia afuera. La razón es simple: el capital para este tipo de emprendimientos está, mayoritariamente, en Estados Unidos.

"No existe hoy un modelo para pensar una empresa científica centrada solo en Argentina. El principal mercado para buscar capital es Estados Unidos", afirmó Boretti.
Así fue como comenzaron a trabajar con fondos norteamericanos que invertían en decenas de startups por año y que detectaban el mismo problema de comunicación.

Ese vínculo no solo consolidó la expansión del negocio: también transformó su composición. Actualmente, el 80% de los clientes de WeArePalta está fuera de Argentina, y la empresa opera con startups de Japón, México, Uruguay, Estados Unidos y otros países.

El desafío de competir desde Latinoamérica

Para Boretti, las empresas científicas latinoamericanas enfrentan dos barreras centrales cuando buscan inversiones en EE.UU.:
el idioma y la desconfianza inicial del inversor.

"Explicar procesos complejos ya es difícil; hacerlo en otro idioma, más. Y además, para un inversor estadounidense, Argentina, Haití o Colombia es todo territorio desconocido. Esa distancia genera desconfianza", reconoció.
Aun así, asegura que son desafíos superables, parte del propio modelo de negocios de las empresas científicas.

Además, estas compañías suelen requerir grandes volúmenes de capital para avanzar con velocidad. "Las que logran crecer levantan 10 o 15 millones de dólares en cinco o seis años. Si no van rápido, no llegan primero al mercado", explicó.

Por qué "Palta"

El nombre de la agencia —WeArePalta— surgió de una reflexión cultural y comercial a la vez. Buscaban un término asociado a Argentina que pudiera funcionar en Estados Unidos.

"Pensamos miles de opciones, incluso 'mate'. Pero descubrimos que Argentina es uno de los pocos países que le dice 'palta' y no 'aguacate'. Nos gustó ese diferencial", contó Boretti.
El nombre casi les genera un conflicto legal, pero decidieron sostenerlo.

Tulsa: un punto inesperado para construir puentes

La empresa se instaló en Tulsa, la segunda ciudad más grande de Oklahoma y un polo fuerte en energía, pero también un ecosistema emergente para nuevas tecnologías.

Desde allí, Boretti continúa articulando vínculos entre startups latinoamericanas y el mercado estadounidense, un puente que pocos transitan pero que él considera fundamental:
convertir el talento científico regional en compañías globales.