Cada verano, las dunas de la Costa Atlántica se transforman en un escenario de adrenalina, pero también de anarquía y tragedia. A pesar de los antecedentes, como el reciente caso de Bastian en Pinamar, la falta de controles y la imprudencia de los conductores persisten en una zona que, según los expertos, funciona hoy como una "zona liberada".
Gustavo Brambati, referente en seguridad vial, fue tajante en El Interactivo, de Ciudadano News: "La zona es muy anárquica. Los médanos cambian continuamente su geografía por el viento y, al no haber circuitos definidos, la gente busca algo 'divertido' sin medir las consecuencias". La falta de elementos básicos, como la caña alta con banderín para ser visualizados antes de llegar a la cima de una duna, es el detonante de choques frontales que podrían evitarse.
El dato financiero que nadie tiene en cuenta
Más allá de que el riesgo físico es lo más importante, existe un peligro que golpea directamente el bolsillo: el seguro no cubre accidentes en las dunas. Esta es la advertencia que la mayoría de los turistas desconoce al ingresar a la arena con sus camionetas 4x4 o cuatriciclos.
"El seguro cubre en rutas públicas, no en lugares informales. Si ocurre un accidente, el protagonista deberá afrontar los daños con sus propios bienes porque la aseguradora no se hará cargo", explicó Brambati. En un contexto de anarquía absoluta, ninguna póliza convencional de riesgo determinado responde, dejando a conductores y peatones en un estado de desprotección total.
Un sistema de salud al límite
Otro punto crítico es la infraestructura sanitaria. Pinamar y otras ciudades balnearias no cuentan con hospitales de alta complejidad preparados para el volumen y la gravedad de los accidentados que generan los médanos. "Ante una emergencia de esta naturaleza, hay que generar derivaciones porque se requiere de mayor complejidad para resolver estas cuestiones", señaló el especialista.
La solución, según Brambati, no es prohibir la actividad, sino regularizarla y profesionalizarla, creando predios cercados con sentidos únicos de circulación y exigiendo el equipamiento de protección mínimo (casco y pecheras). Hasta que eso ocurra, la seguridad en los médanos seguirá dependiendo, peligrosamente, del "libre albedrío" y la suerte.
