La Nochebuena y la Navidad en Mendoza y en distintos puntos del país estuvieron marcadas por intensos controles de alcoholemia en los principales accesos. Más allá de las cifras de infracciones, los operativos dejaron al descubierto una clásica galería de excusas por parte de los automovilistas.
Intentando sortear la fiscalización y el inminente secuestro del vehículo, muchos apelaron a argumentos insólitos que fueron desde el uso de productos de higiene hasta la ingesta de alimentos específicos, desafiando la paciencia de los inspectores.
"El oliva no sube eso"
Durante la madrugada, los agentes repitieron el procedimiento estándar: solicitar documentación y explicar el uso de la pipeta descartable. Sin embargo, las respuestas de quienes dieron positivo rompieron la rutina. Uno de los cruces más llamativos ocurrió cuando un conductor cuestionó: "¿El Listerine te arroja ese valor?". Buscaba atribuir el resultado al enjuague bucal, pero el agente fue categórico: "No. En realidad, ¿usted brindó o algo?".
En esa misma línea de confusión —o picardía—, otro automovilista insistió en que las aceitunas podían ser las culpables. "¿El oliva no sube eso?", preguntó, recibiendo una negativa inmediata: "No, el oliva no. Esto es el alcohol en sangre".
Para los conductores con licencia profesional, el desconocimiento de la norma fue la carta jugada. Un chofer que arrojó 0,48 gr/l se mostró sorprendido cuando le informaron que su límite es cero absoluto. "Es que me pidieron que los lleve", se excusó sin éxito. En casos más graves, registrados por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, hubo tests de hasta 1,57 gr/l justificados simplemente con un "estamos con la familia". En todos los casos, el desenlace fue inevitable: la retención de la licencia y la prohibición de continuar al volante.