Vemos a nuestro hijo llorar, y no le prestamos atención porque "ya se le va a pasar". El mayorcito, de 13 años, nos dice que está enamorado y nos reímos, porque no lo tomamos en serio.
Al alumno de 8 años no lo dejamos hablar, solo porque es niño. En la mesa familiar no dejamos que los mellizos opinen de algún tema.
Son hábitos muy comunes, y para nada saludables. Estamos ante el adultocentrismo.
La producción de El Interactivo (lunes a viernes de 12 a 14 por Ciudadano News 91.7 y Ciudadano News Streaming) convocó a la psicóloga Sonia Almada para tratar el tema, que muchas veces los adultos pasan por alto.
"El adultocentrismo es un sistema de dominación, donde se piensa que el adulto es el amo y señor de las decisiones. Todo se observa desde la mirada y la narrativa del adulto. El adulto cree saber qué es lo mejor para los niños y niñas. Ropa, consumos culturales, qué hacer y qué no hacer. La voz de la infancia debe ser escuchada, y el adultocentrismo no lo permite", comenzó explicando la profesional.
"No se escucha lo que niños y adolescentes desean u opinan, y eso hace que luego haya secuelas en la vida adulta. Tuve la opción de escribir una columna de opinión acerca de este tema y un ejemplo claro es dejar llorar a un bebé, porque creemos que no le pasa nada, o porque pensamos que 'se va a acostumbrar'. En realidad, ese bebé comienza a sentirse solo y abandonado, y puede caer en un desmayo de desolación", ejemplifica Almada.
Cabe aquí una aclaración que muchos adultos parecen ignorar: los niños son seres humanos en formación, y son sujetos de derechos. Pero el adultocentrismo olvida esos detalles.
En ese sentido, la profesional recordó que "existe la Convención de los Derechos del Niño, hay leyes nacionales de protección infantil que priorizan la voz de la infancia, el derecho del niño a ser oído. Pero en la realidad, no hay nada de esto. Hay personas que escuchan a los chicos, pero si ponemos a la educación, por ejemplo, veremos que hay estructuras de lo que se va a estudiar en la que no hay participación infantil".
Los últimos sondeos indican que los adolescentes prestan cada vez menos atención en clase, y siempre se mira a la tecnología (celulares y tablets) como responsables de esta situación, "pero los contenidos no se han aggiornado a las nuevas tecnologías, a las nuevas formas de consumismo cultural", explica la profesional.
"Es ahí donde habría que apretar algunas clavijas, pero no hay tampoco una consulta acerca de cuáles son los modos para aprender. No preguntamos cuál sería la manera más fácil para ellos de aprender, en una época atravesada por lo digital", resaltó Almada.
Niños sin palabras
Hay violencia en todos lados, inclusive a la hora de tratar a un niño. Un "callate la boca", un "Vení para acá", un zamarreo, o llevarlos a tal o cual lugar sin preguntarles o explicarles el destino, todo eso se considera adultocentrismo.
"Imaginen ustedes que yo les digo 'Ahora vamos a salir'. Lo primero que preguntarán es '¿Dónde vamos?', algo totalmente normal. El adulto no suele comportarse así con un niño", indica en ese sentido..
"Cuando a un niño se le pregunta, se le da confianza, o se le explica, comenzamos a forjar una autoestima de manera relajada. Y el adultocentrismo es muy parecido al patriarcado: en Argentina hubo que aclarar que hay que respetar a las mujeres, y lo seguimos aclarando. Pero el tema con los niños viene atrasado", opina.
Y agrega que "la infancia en general viene atrasada en temas de salud pública, por poner un ejemplo, y yo creo que no hay democracia si los chicos no participan".
¿Esto puede acarrear secuelas en un futuro? Al respecto la psicóloga asegura que es así, "Las secuelas pueden ser muchas, y en la clínica se muestran de manera diversa. Desconfianza, inseguridad, y otros trastornos que configuran lo que es la personalidad. Si nos miramos a nosotros mismos, tal vez encontremos signos de haber soportado silencios impuestos a la fuerza", indica.
"Nuestra idea es cambiar en pos del niño, porque los niños deben participar de la vida de los adultos. No se trata de que si la criatura no quiere ir al médico, lo respetemos. Se trata de una mirada más abarcativa, más para protegerlo", advierte Almada.
Una psicóloga que concursa
Además de su título de psicóloga, Almada está en la etapa final de un concurso muy especial. La Defensoría de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes es un ente autárquico que se concursa, es un concurso público de antecedentes y oposición, en el que las personas con trayectoria en la defensa de los derechos del niño presentan un currículum, con las adhesiones de quienes los apoyan, tanto nacional como internacionalmente.
"En Argentina tenemos un sistema de protección, en el que se restituyen los derechos de los niños que pudieran haber sido avasallados. Se trata de prevenir esos derechos para que no los avasallen, por lo que propusimos un plan para que cuando el Estado intervenga en esas restituciones, lo haga de manera reparadora, cuidada, y sin revictimización", finalizó Almada.

