Claudia Cardinale, ese ícono de la belleza mediterránea que cautivó a millones de expectadores, murió hoy en su casa de Nemours en las cercanías de París.
Su fama descolló en las décadas de los '60 y '70 tras ser decubierta a la salida de la escuela por el director René Vautier. Eso ocurrió en Túnez, entonces un protectorado francésen el norte de África, donde había nacido en 1938. Pero después adoptó la nacionalidad italiana.
Su esencia italiana provenía de sus padres, inmigrantes sicilianos que salieron de su país durante el régimen de Benito Mussolini.
Alcanzó la fama con la guía de grandes directores como Luchino Visconti y Federico Fellini y de sus trabajos junto a figuras como Burt Lancaster, Alain Delon, Henry Fonda, Jean-Paul Belmondo y Marcello Mastroianni.
Tenía 87 años y su fallecimiento fue informado por suagente Laurent Sabry quien lo dió a conocer a una agencia de noticias francesa.
Más de 100 películas llevaron su bello rostro a todo el mundo, con ella se ha ido una generación de actrices italianas que dejan un legado sin igual, perteneció a una pléyade compartida con Gina Lollobrigida, Mónica Vitti, entre otras y de las que queda Sophia Loren.