El uso excesivo de teléfonos móviles se ha convertido en una preocupación global, con un impacto notable en las dinámicas sociales, la productividad y la salud mental, especialmente entre los jóvenes. El fenómeno impacta en América Latina, donde la inmersión en el mundo digital redefine la vida cotidiana.
Argentina entre los 10 países con mayor uso
Un informe elaborado por Meltwater y We Are Social, revela que el uso de smartphones es más elevado en la región. Brasil se ubica en el tercer lugar a nivel mundial, con un promedio de nueve horas diarias de uso, seguido por Colombia. Argentina ocupa el décimo puesto a nivel mundial, con aproximadamente seis horas diarias frente a la pantalla.
Estos datos contrastan fuertemente con países como Japón, donde el uso apenas supera la hora y media. Le siguen otros países como Dinamarca, Francia, Reino Unido, Alemania y España, con menos de tres horas de uso cada uno.
El fenómeno no distingue edades, aunque se intensifica en la juventud. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) reveló que solo uno de cada 10 jóvenes argentinos presenta un comportamiento libre de riesgo respecto al uso del celular. Las principales preocupaciones de los adultos incluyen el contacto con desconocidos, el tiempo desmedido en redes sociales y el acceso a contenido inapropiado, como las crecientes apuestas en línea.
Más allá del contenido, el tiempo frente a la pantalla deriva en problemas concretos como insomnio, sedentarismo y un deterioro de las habilidades sociales. Aunque la comunicación y el entretenimiento son los principales motores de este comportamiento, el efecto negativo en las relaciones interpersonales y la salud general es innegable.
Es por eso que cada vez más profesionales de la salud mental se especializan en la temática para estudiar sus causas y consecuencias, mientras proponen hábitos más saludables. Entre los principales efectos detectados en adultos están el aislamiento social y el efecto de "cerebro roto" o agotamiento digital, que genera dificultades para el pensamiento reflexivo.
También se pronunció la Sociedad Argentina de Pediatría, que advirtió sobre los riesgos en el desarrollo cognitivo de los niños. Según la organización, los menores de 2 años no deberían usarlos. Entre los 2 y los 5 años, el tiempo máximo recomendado es de una hora diaria y, hasta los 12 años, sugieren limitar el uso a una hora y media diaria con fines de entretenimiento.