La discalculia es un trastorno cuyas características son poco difundidas, a pesar de que afecta a muchas personas desde edad temprana.
Según estimaciones, este trastorno afecta entre el 3% y el 6% de la población, y es un trastorno del neurodesarrollo, como la dislexia y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Sufrir este trastorno significa dificultad para comprender conceptos numéricos básicos, problemas con operaciones aritméticas (suma, resta, multiplicación, división), dificultad para entender conceptos de tiempo y espacio y problemas con la memoria numérica.
Las causas y factores que inciden pueden ser genéticos, por ejemplo antecedentes familiares; problemas neurológicos, como lesiones cerebrales o desarrollo anormal, o también métodos de enseñanza inadecuados.
En cuanto a los síntomas, comprenden la dificultad para aprender y recordar números y operaciones, confusión entre conceptos matemáticos básicos, evitación de actividades que involucren matemáticas y frustración y baja autoestima.
Los testimonios de personas que sufren este trastorno detallan con crudeza lo que sienten en su fuero íntimo.
Una de ellas es Ana, de 28 años, quien afirma que "la discalculia es como tener un bloqueo mental cuando se trata de números. No importa cuántas veces intento, no puedo recordar las operaciones básicas".
"Me siento frustrado cuando no puedo entender conceptos matemáticos simples. La discalculia me hace sentir como si fuera tonto", confiesa Juan, de 32 años.
Por su parte, María, de 25 años, considera que "la discalculia no es solo un problema de matemáticas, es un problema de confianza. Me siento insegura en situaciones cotidianas".
Primero diagnóstico y después tratamiento
A pesar de que pueda parecer que esta afección es de difícil tratamiento, en realidad una evaluación psicológica y neurológica a tiempo puede ser de gran ayuda.
El diagnóstico temprano ayuda a reducir la incidencia. (Foto: web)
Otras formas de encarar el trastorno son la terapia cognitivo-conductual, la adaptación de métodos de enseñanza y, fundamentalmente, el apoyo emocional.
También ayudan las estrategias de afrontamiento, que incluyen el uso de herramientas visuales y táctiles, como gráficos y cuentas; la práctica constante y gradual de operaciones matemáticas, buscar ayuda especializada en centros de aprendizaje o terapia cognitiva y el desarrollo de habilidades compensatorias, como la memoria visual.
Investigaciones recientes
Para llegar a conclusiones científicas más certeras, en la actualidad varios centros realizan estudios sobre la neuroplasticidad y su relación con la discalculia, además de investigaciones sobre la efectividad de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento y el desarrollo de programas de intervención temprana para niños con esa alteración.
Es que si bien no tiene cura, existen métodos para ayudar a quienes padecen la discalculia a mejorar su rendimiento y calidad de vida. Entre las intervenciones se incluyen el apoyo escolar especializado con métodos adaptados, la terapia cognitivo-conductual para manejar el impacto emocional y social y tecnologías de apoyo, como aplicaciones diseñadas para el aprendizaje de matemáticas.
De esta manera, a medida que se incrementa el conocimiento sobre este trastorno, es fundamental crear conciencia y brindar las herramientas adecuadas para que las personas con discalculia puedan enfrentar los desafíos que se les presentan y llevar una vida plena.
Redactada con información de Impacto Panamá y El Nuevo Rumbo