Si a alguien se le pregunta si le agradan los blatodeos, seguramente comenzará a mirar hacia arriba tratando de recordar, o adivinar, qué significa esa palabra. El tema es que ese es el nombre de la familia a la que pertenecen las cucarachas. Y es casi seguro que nadie, pero nadie, dirá que son de su preferencia.
Las cucarachas tienen un árbol genealógico importante: se conocen más de 4.500 especies de estos insectos, y cerca de 500 géneros. Pueden ser de color castaño, oscuras o rojizas, y la mayoría de ellas tienen el cuerpo aplanado, lo que les permite escabullirse por cuanta grieta pudieran encontrar.
Y a pesar de la desagradable sensación que producen en nuestro organismo, los científicos advierten que es un error tratar de pisarlas. Es más: pisar una cucaracha puede ser más peligroso de lo que parece.
Sucede que este insecto carga en su cuerpo gran cantidad de virus y bacterias de extrema peligrosidad, y pueden transmitir numerosas enfermedades. Si bien es importante eliminarlas del hogar, esto hay que hacerlo con mucho cuidado, porque al pisarlas podríamos estar ayudando a la diseminación de los microorganismos que transportan.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cucarachas son carroñeros antihigiénicos. Se considera que son vectores mecánicos, con capacidad de enfermar a la población humana. Desde 1990, la OMS advierte sobre el peligro que encierra pisarlas.
Hay que tener en cuenta también que el cuerpo de este insecto puede aplanarse y resistir peso sin ser lastimadas por completo. Por eso, y luego de haberlas pisado, pueden arrastrarse esparciendo sus fluidos y llevándolos a lugares que pueden ser nocivos para los humanos.



