El abogado Roberto Herrera, defensor de Víctor Manzanares, excontador de Néstor y Cristina Kirchner y arrepentido en la Causa Cuadernos, generó un fuerte impacto este viernes al realizar declaraciones sorprendentes en una radio de la Ciudad de Buenos Aires.
En la entrevista, Herrera reveló un aspecto poco conocido del proceso judicial de su cliente: que, en un momento clave, Manzanares no manifestó interés en ser excarcelado.
El testimonio del letrado no solo arroja luz sobre el estado anímico y la estrategia de la defensa, sino que redefine la imagen pública del excontador, quien fuera una pieza central en las causas que investigan la denominada ruta del dinero K.
"Soy culpable, tengo que pagar"
El defensor recordó un episodio central ocurrido durante el proceso de colaboración judicial de Manzanares que culminó con su incorporación al régimen de "imputado colaborador".
"Víctor nos instruyó a no presentar el pedido de excarcelación en ese momento. Su postura era que él se sentía culpable, que tenía que pagar su pena y que la prisión preventiva era una forma de cómputo anticipado", aseguró el letrado
La revelación, referida a un período anterior (coincidiendo con su aceptación como arrepentido en 2019), fue presentada por el abogado como una muestra de la voluntad inquebrantable del excontador de afrontar las consecuencias de sus actos y no buscar atajos procesales a su libertad. Esta actitud contrasta con la de otros acusados en la misma causa.
El arrepentido, sin "perdón" de la política
En otro pasaje de la entrevista radial, Herrera hizo hincapié en el distanciamiento emocional y político de Manzanares con la familia Kirchner desde el momento de su detención y posterior arrepentimiento.
El contador K se sintió "abandonado" por la familia que lo empleó durante años, un factor que influyó en su decisión de colaborar con la Justicia.
Herrera destacó que la decisión de Manzanares de asumir su culpabilidad fue un acto personal de sinceramiento ante la Justicia, más allá de cualquier presión o negociación política.
El testimonio de la defensa, a cargo de Herrera, refuerza la imagen de un Manzanares que eligió el camino de la verdad y la prisión como un acto de redención personal y judicial, buscando validar su rol como arrepentido ante los tribunales federales.