Este miércoles el Senado de la Nación no será un lugar de debates protocolares, sino una trinchera en la que el oficialismo pone sobre la mesa la reforma laboral, el proyecto que Javier Milei considera el "kilómetro cero" de su gestión económica para este año.
No es solo una ley; es la validación de su poder de fuego en un Congreso que no le regala ni un centímetro de ventaja. Si la Casa Rosada logra imponerse, el ritmo de las extraordinarias será un trámite; si falla, el invierno político podría adelantarse a febrero.
El Gobierno al todo o nada por la reforma laboral
En los pasillos del Congreso, el aire está viciado de negociaciones de último minuto.
El bloque oficialista sabe que no le sobran manos. El ministro del Interior, Diego Santilli, ha sido la pieza clave en el armado de los consensos, recorriendo despachos de gobernadores aliados para asegurar cada mano alzada.
Por su parte, la jefa de la bancada oficialista, Patricia Bullrich, ha movido todas las fichas del tablero aceitando cada movimiento. "Estamos convencidos de que la sociedad votó un cambio y este es el corazón de ese cambio; no hay margen para seguir estancados", sentenció un encumbrado legislador libertario antes de la decisiva reunión.
Sin embargo, la oposición no planea ser un espectador pasivo. Desde las bancas de Unión por la Patria y los sectores más duros del sindicalismo, la postura es de confrontación total.
"Este proyecto no busca modernizar nada, busca arrasar con derechos que costaron décadas conseguir", disparó uno de los referentes del bloque opositor, anticipando que la sesión será maratónica y cargada de chicanas.
Un tablero de ajedrez en las extraordinarias
El éxito de este miércoles depende de la letra chica. El Gobierno ha tenido que flexibilizar algunos puntos sobre las indemnizaciones y las multas a empresas para seducir a la "oposición amigable".
Saben que el reloj corre: las sesiones extraordinarias tienen fecha de vencimiento y el Ejecutivo necesita mostrar resultados antes de la apertura de ordinarias en marzo.
Si la moneda cae de cara para el oficialismo, la señal al mercado será contundente. Si cae cruz, el Gobierno podría enfrentar su primera gran crisis de gobernabilidad legislativa en lo que va del año.
La moneda ya está en el aire.