El tablero político argentino se encaminaría hacia la discusión sobre una transformación estructural. El Gobierno de Javier Milei habría puesto el pie en el acelerador para concretar su ambiciosa reforma electoral, un proyecto que no solo intentaría optimizar el calendario de votación, sino que buscaría asfixiar los mecanismos de financiamiento que, según el oficialismo, sostendrían a la "casta".
Con la mirada puesta en las presidenciales de 2027, la administración libertaria se apoyaría en sus recientes acuerdos legislativos para avanzar sobre dos pilares históricos: la obligatoriedad de las primarias y la dependencia estatal de los partidos.
El plan del Gobierno para fulminar las PASO y las cajas políticas
El corazón de la propuesta radicaría en la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
En ese sentido, en la Casa Rosada argumentan que esas jornadas se han convertido en una "encuesta millonaria" financiada por los contribuyentes.
Refiriéndose a esa idea, el portavoz presidencial, Manuel Adorni, ha señalado en diversas oportunidades que "la política debería dejar de dirimir sus problemas internos con el dinero de la gente".
El proyecto también apuntaría a la Ley Orgánica de los Partidos Políticos para elevar las exigencias de supervivencia de las agrupaciones.
El objetivo sería eliminar los denominados "sellos de goma". La nueva normativa obligaría a las agrupaciones a contar con el 0,5% de afiliados sobre el padrón y alcanzar un piso mínimo del 3% de los votos en dos elecciones consecutivas.
Las agrupaciones tendrían tiempo para adecuarse, buscando que el escenario de 2027 estuviera totalmente depurado de fuerzas sin representación real.
Posibles reacciones y resistencia de la oposición
La iniciativa encendería las alarmas en el arco opositor, que se encuentra en un proceso de retroceso, generando un escenario de fragmentación y debate intenso.
Se debe recordar que en febrero de 2025 las PASO fueron suspendidas por ley tras airadas discusiones en el Congreso, lo que, en caso de que el Gobierno insista en su proyecto de eliminarlas definitivamente, hace prever que el tratamiento llegaría a tener ribetes dramáticos.
Se sabe que desde los sectores del peronismo y el kirchnerismo, la resistencia sería férrea. "El Gobierno intentaría silenciar a las minorías y transformar la democracia en un juego exclusivo para quienes tuvieran grandes aportantes privados", sería el argumento, según fuentes cercanas a los bloques opositores.
Para muchos dirigentes, las PASO serían una herramienta de ordenamiento interno indispensable que, de eliminarse, dejaría la selección de candidatos bajo el control de las cúpulas.
Por otro lado, los bloques de la denominada "oposición dialoguista" mostrarían una postura ambivalente.
Si bien coincidirían en la necesidad de reducir el gasto público, temen que el fin del financiamiento estatal entregue el sistema electoral a los intereses corporativos.
"No se podría permitir que las campañas dependieran exclusivamente de capitales privados; la transparencia debería ser la prioridad", habrían advertido desde algunos despachos de la UCR.
La izquierda, por su parte, podría denunciar que la reforma sería una "proscripción encubierta" para las fuerzas pequeñas.
¿Un proyecto en stand by?
Con este escenario a la vista, el éxito de esta reforma electoral dependería, en última instancia, de la capacidad del oficialismo para negociar cada artículo en un Congreso donde nadie tiene asegurado el control absoluto.
Por otra parte, en el entorno presidencial no niegan que ya se comenzó a discutir el asunto, aunque reconocen que cualquier reforma electoral debería inscribirse en una "secuencialidad" lógica que acompañe el programa económico vigente.
Bajo esta premisa, la prioridad inmediata del Ejecutivo se centraría en consolidar las reformas estructurales en materia laboral e impositiva, postergando el debate político-institucional para una próxima etapa de la gestión.
Según esta visión estratégica, primero se buscaría estabilizar las bases productivas del país antes de avanzar sobre las reglas de juego del sistema de representación.
Aunque por el momento no existirían definiciones formales ni un cronograma oficial, en las filas del oficialismo reconocerían que el reciente fortalecimiento parlamentario alimentaría la expectativa de avanzar en cambios de fondo.
De concretarse en los términos previstos, la reforma electoral se transformaría en una de las apuestas estratégicas más relevantes del Gobierno de cara al ciclo político que culminará en 2027, marcando un punto de inflexión en la estructura democrática argentina.

