Los otros yo del Doctor Merengue

3 Octubre de 2018 - 20:30

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3 Octubre de 2018 / Ciudadano News / Política

El Doctor Merengue era un atildado personaje, correcto y educado, que nunca perdía la compostura. Creado por el genial dibujante argentino Guillermo Divito, fue el personaje más conocido de quien también fuera el fundador de la revista Rico Tipo en 1945.

Pero Merengue tenía una cara oculta: como en El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson, había una doble personalidad, y su inconsciente freudiano, literalmente, salía a decir otra cosa.

Era un impecable y solicitado abogado. Estaba casado con una mujer que distaba de ser una de las famosas chicas dibujadas por Divito que les hacían perder el sueño a los veinteañeros (y otros “ñeros” que hoy peinan canas o ya no las tienen) y seguramente las imaginaban corporizadas como reales. Tanto su esposa como su jefe solían ser blanco del “otro yo”, quien también aparecía para burlarse de los defectos ajenos, mostrar ironía o incredulidad y, por supuesto, perseguir mujeres.

Individuos de estas características siempre han existido y pululan a nuestro alrededor. Los encontramos en diferentes escenarios de todos los niveles imaginables, infaltables en todas las relaciones humanas y sociales, particularmente en la política.

Esta introducción pretende llevarnos a lo que está pasando en la actualidad con varios personajes conocidos que, como el de Divito, salen ahora a decir sus “verdades” e intentan formar una especie de “panperonismo” encapsulado en el nuevo espacio que denominaron Alternativa Argentina frente a la innegable crisis del Gobierno.

Tanto Sergio Massa –quien fuera jefe de Gabinete de Cristina Kirchner y ahora lidera el Frente Renovador- como el mandatario cordobés Juan Schiaretti, el gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey y el presidente del bloque del PJ en el Senado nacional, Miguel Ángel Pichetto, todos ellos obsecuentes del gobierno K hasta que en 2015 cambiara de manos la Presidencia de la Nación, salen ahora a denostar a quien en tiempos para nada lejanos les hiciera agachar la cabeza sin que a ninguno se le moviera un pelo.

Ahora hablar en público avalando a Cristina Kirchner en sus desvaríos de volver a ser presidenta resulta un pecado político, pero entre bambalinas algunos de ellos intentan acercarse a la doctora de una forma u otra. Una especie de Doctor Merengue aggiornado, que piensa una cosa y dice otra para quedar bien y rapiñar lo que quede de un pastel que, aparentemente, tendrá varios comensales dispuestos a lo que sea para conseguir migajas.

No me parece raro el doble discurso de estos otrora kirchneristas a ultranza que hoy se asocian para jugar el rol de correctos ciudadanos, recién bañaditos, perfumados y peinaditos, pero dispuestos a vender su alma al Diablo en cualquier momento para mantener su status quo y seguir –de una manera u otra- mamando de la teta del Estado.

A cualquiera de ellos, y a otros varios gobernadores e intendentes, salvo algunas excepciones, les costaría poco bajar otra vez la cabeza si la señora exreina de estas pampas -con su nada desdeñable capital de votos cosechados en un entorno duro al que no le importa la coima ni el robo si recibe plata “de arriba”-, los llama para que se olviden de su postura y se prendan a sus polleras otra vez para enfrentar a Mauricio Macri y sus aliados en los próximos comicios a través de su espacio, Unidad Ciudadana.

No en vano Pichetto se juega su ¿prestigio? defendiendo los fueros de Cristina a ultranza con un argumento que ya no convence a nadie y solo sirve para otorgarle impunidad. Sin embargo, ¿qué pasaría si esa postura se le vuelve en contra al darse cuenta la gente de que es una maniobra que tiene dos caras: la de defensor de una norma y la de quien pretende ignorar varios delitos?

Por su parte, en los últimos cinco años Massa se convirtió en una mala palabra para el sector liderado por la expresidenta. Pero esa mirada también cambió hace pocos meses, cuando el peronismo comenzó un proceso de reorganización y un manojo de dirigentes que ahora militan en el partido K corrieron los límites para intentar incluir al ex intendente de Tigre en un nuevo esquema.

El esfuerzo no era en vano. Con él alineado en el mismo esquema el triunfo sobre Macri sería una posibilidad concreta y viable, dejando de lado a los otros socios políticos. Pero hasta el momento la realidad es diametralmente opuesta, aunque en política nada se puede predecir ni negar.

“Si no existieran los fueros, Cristina Kirchner estaría presa”, dijo Massa días atrás. Pero nadie apostaría a que deje de considerar una posibilidad de alianza si ve que el panorama no es alentador para su partido de cara a 2019. Dicen los que la conocen, que Cristina ni siquiera nombra a quien odia, pero a Massa lo nombró. Es más, se habla de que el interlocutor entre él y su exjefa es precisamente Máximo Kirchner.

Habrá que ver, si esto ocurre, qué diría Margarita Stolbizer de su aliado en las elecciones pasadas, teniendo en cuenta que ella ha sido siempre una piedra en el zapato de la expresidenta a través de sus varias denuncias de corrupción y lavado de dinero.

En tanto, Schiaretti es, por ahora, sólo un buen gobernador de Córdoba pero sin proyección nacional, igual que el mandatario salteño Urtubey.

Visto de esta manera el panorama, la reunión del último jueves de los cuatro aspirantes a conducir un peronismo carente por ahora de un líder fue una versión moderna del Doctor Merengue que se adecua a las circunstancias y con su doble discurso no hace más que oscurecer el futuro político de los personajes.

Seguramente, en estos días Divito se estará retorciendo de risa en su tumba.

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