La política argentina transita hoy un laberinto de necesidades cruzadas donde el "no hay plata" choca de frente con la urgencia legislativa.
En el centro de la escena, el Gobierno se resiste a modificar Ganancias pero discute cambios en la Reforma Laboral como moneda de cambio para aceitar un Congreso que por ahora se presenta hostil.
La Casa Rosada, con la obsesión de mantener el equilibrio fiscal, prefiere sacrificar artículos de la modernización laboral antes que resignar la recaudación que implica el esquema actual del impuesto a los ingresos.
El Gobierno se resiste a modificar Ganancias: el costo del pacto
En los pasillos del Ministerio del Interior, el ministro Diego Santilli actúa como el principal nexo con los jefes provinciales. Sin embargo, la orden que baja desde el despacho presidencial es tajante respecto a la estructura tributaria.
"Los gobernadores están en contra de la baja de impuestos; es un delirio, pero todavía no definimos", soltó con acidez un integrante de la mesa política tras la última reunión en planta baja.
La discusión no es caprichosa: la reducción de alícuotas para sociedades que propone el Ejecutivo impactaría en la coparticipación por una cifra cercana a los $1,7 billones.
Este agujero fiscal es lo que frena la firma de mandatarios como Gustavo Sáenz (Salta) o Raúl Jalil (Catamarca), quienes, aunque apoyan el "espíritu" de la reforma, advierten que sus cuentas no resisten más podas.
Negociación a dos bandas
¿Quiénes son los protagonistas de este tironeo? Por un lado, la "mesa chica" libertaria busca blindar el capítulo fiscal. Por otro, los gobernadores dialoguistas exigen compensaciones, como la coparticipación plena del Impuesto al Cheque, algo que la Nación ya rechazó de plano.
"Entendemos que es una ley necesaria, pero hay que hacerla bien y no afectando los intereses de nuestras provincias", sentenció Sáenz al salir de un encuentro clave.
Hasta ahora, el apoyo es condicionado y fragmentario. Si bien el oficialismo ha cedido en gestos -como la declaración de emergencia ígnea para el Sur-, la adhesión total de las "marcas" políticas provinciales está lejos de ser unánime.
El Gobierno apuesta a que la modernización laboral sea el motor de 2026, pero el costo de oportunidad es alto. Sin un acuerdo que garantice la caja provincial, la reforma corre el riesgo de quedar estancada en el barro de la desconfianza federal.