La pretensión de Donald Trump de adquirir la soberanía de Groenlandia ha generado un sismo diplomático que salpica directamente a la Argentina. Aunque el país ya recibió las primeras seis unidades de los cazas F-16 daneses, la entrega de los 18 aviones restantes, programada hasta 2028, está ahora bajo la lupa.
El problema radica en un "efecto dominó" militar: Dinamarca planea renovar su flota con aviones F-35 estadounidenses. Si la tensión con la Casa Blanca escala por el control del Ártico, Copenhague podría congelar sus compras a EE. UU. o decidir conservar sus viejos F-16 para garantizar su propia defensa ante la incertidumbre. Para la Casa Rosada, el desafío es mantener una neutralidad quirúrgica para no perder la pieza clave de su modernización aérea.