Empecinados en ganar, aunque empeoren la vida de la gente
2 Septiembre de 2019 - 07:14
2 Septiembre de 2019 - 07:14
2 Septiembre de 2019 / Ciudadano News / Política
A diferencia de otros momentos electorales en la historia democrática del país, este 2019 tiene una característica distintiva: un país sucumbido en la absoluta pobreza, sin inversiones y con futuro muy comprometido.
Muchos dirán que es el mismo escenario de la hiperinflación del traspaso del gobierno de Raúl Alfonsín a Carlos Saúl Menem, o la crisis del 2001 que terminó abruptamente con la administración de Fernando de la Rúa. Para nada y muy lejos de ser así, aun cuando hay muchos factores, como en aquellas épocas, que atizan la frágil situación social.
El momento que hoy vive el país, fundamentalmente su gente, no tiene precedentes. Porque en este punto de la historia de la nación no hay antecedentes de tanta pobreza, desigualdad social, hambre, desocupación y el condicionante de vida dolarizada del país.
Sobre todo, donde las absolutas responsabilidades se reparten entre los que robaron descaradamente en nombre de la justicia social y los que no estaban capacitados para administrar la República Argentina.
Los primeros, porque en medio de una gigantesca corrupción, llevaron al país al terreno del inicio de letal inflación, desocupación, deterioro de las economías regionales y profunda desinversión.
Producto esto último de los miles de millones de dólares el toma y daca de millonarias coimas, comparado con un PBI. Mientras que los segundos, lejos de comenzar a encausar a la nación, profundizaron todo lo que hizo el gobierno anterior; salvo robarse al país, todo lo demás.
Era de esperar entonces que ante este choque de acciones golpearan de lleno en la vida de los argentinos. Ciudadanos que del día a la noche se enteraron que el país está en default, selectivo, virtual, restringido o temporario, está en default.
Algo que muchos millones de connacionales no saben, mucho menos entienden. Solo lo sufren, ante la absoluta ausencia de respuestas que tan siquiera morigeren la miseria en la que subsisten.
Gente que concurre al supermercado por lo mínimo: arroz, fideos y leche para alimentar a sus hijos, ya que el resto se lo consumen, sin respiro alguno, impuestos y facturación de servicio que nunca dejaron de bajar su presión.
Por otro lado, el termómetro de la pobreza continúa en alza y es casi incontrolable. Ahí donde se amontonan miles y miles de familias desesperanzadas.
Para ellos, solo medidas paliativas aumentando por única vez la Asignación Universal por Hijo. Nada más, ya que los mismos ni siquiera están contenidos por “el tal default o los miles de puntos del riesgo país”.
Aspectos que solo le muestran al mundo la delicada situación de la macroeconomía argentina, sus inversiones o la inconveniencia de invertir en nuestro país.
La Argentina activa está partida en dos (no precisamente por la famosa grieta política) y se dirige a una situación no dimensionada y desconocida.
En una porción están los que quieren ver qué hacen con sus millones (muchos, en dólares), propiedades, empresas o campos. Saben que las últimas disposiciones del Banco Central le ordenan a todos los bancos prohibiciones y restricciones sobre fondos, impidiendo que los mismos pueden ser transferidos al exterior.
A la otra porción, que es la mayoría ciudadana, no le queda otra que esperar a ver qué se hace con el país y hacia donde se lo lleva con ellos.
Qué pasará con sus trabajos y sus únicos legados de vida: su taller, una chacra, un almacencito o su vivienda. La situación de este sector es la cara visible al mundo que nuestra nación está estancada, retrocediendo en muchos aspectos y con pronóstico reservado.
Con todo este piso resbaladizo de grandes problemas, los muchachos siguen su campaña.
Es más, el duro momento les sirve para hacer campaña. Unos aprovechando descaradamente el difícil trance de la gente y los otros sacando medidas para emparchar lo que no se supo o quiso solucionar con medidas de estado.
Todos, empecinados en ganar aunque empeoren todavía más la vida de la gente.