De las aulas a la política nacional: rectores que serán candidatos al Congreso
En medio del conflicto por el financiamiento universitario, autoridades académicas de distintas provincias se presentan como candidatos para las elecciones de octubre.
El 26 de octubre no solo será una cita clave para la política argentina: también lo será para el mundo universitario. En distintas provincias, varios rectores de universidades públicas decidieron dar el salto desde la gestión académica hacia la arena legislativa, presentándose como candidatos a cargos nacionales.
El trasfondo de estas postulaciones es el enfrentamiento que mantienen las casas de estudio con el Gobierno nacional liderado por Javier Milei por el financiamiento del sistema, muy afectado por la política de ajuste de la gestión libertaria. El conflicto se convirtió en uno de los ejes centrales de la agenda pública.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Ana Arias, integra la lista para el Senado acompañando al peronista Mariano Recalde. En La Pampa, el decano de la Universidad Nacional de La Pampa, Abelardo Ferrán, encabeza una boleta para diputado nacional. En Neuquén, la rectora de la Universidad Nacional del Comahue, Beatriz Gentile, será candidata por Fuerza Patria para defender la universidad pública y la ciencia en el Congreso. Además, en Córdoba, Marcelo Ruiz, exrector de la Universidad Nacional de Río Cuarto, ocupa un lugar destacado en la lista de la coalición Defendamos Córdoba encabezada por Natalia de la Sota.
Marcha universitaria.
Masivas manifestaciones en defensa de la educación pública universitaria
El fenómeno no es aislado ni casual. Durante 2024, las universidades protagonizaron masivas movilizaciones en defensa de su presupuesto, lo que puso en jaque al oficialismo y derivó en la media sanción de una ley de financiamiento aprobada en la Cámara de Diputados con amplio respaldo opositor.
Sin embargo, el propio Milei anunció que vetaría esa iniciativa, alimentando un clima de tensión que ahora se trasladará a las urnas. En ese contexto, rectores y exrectores aparecen en listas opositoras en distritos como Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén y Córdoba.
La decisión de sumar dirigentes universitarios a las boletas responde a una lógica política clara: capitalizar la imagen positiva que gozan las universidades públicas y darle voz en el Congreso a quienes, desde la gestión académica, han estado al frente de las negociaciones y reclamos. La figura de un rector encarna, en la percepción social, no solo a un dirigente sino a una institución entera, lo que les otorga un peso simbólico difícil de conseguir en otros ámbitos.
Para los protagonistas, el paso hacia la política no es solo personal sino institucional. Argumentan que el financiamiento de la educación superior no puede quedar librado al veto presidencial ni a disputas coyunturales, y que es necesario instalar el tema como política de Estado. La apuesta es, en ese sentido, trasladar al Congreso la fuerza que demostraron en las calles durante las movilizaciones de abril del año pasado, cuando cientos de miles de estudiantes, docentes y ciudadanos salieron a manifestarse en defensa de la universidad pública.
El impacto de estas candidaturas puede sentirse más allá de la discusión presupuestaria. La llegada de rectores al Congreso supondría un refuerzo en temas vinculados a la ciencia, la innovación y la agenda federal, dado que la mayoría de las universidades públicas están profundamente ligadas a las problemáticas regionales.
Neuquén, por ejemplo, coloca en el centro del debate la relación entre la universidad y la explotación de Vaca Muerta; en La Pampa, la mirada se orienta hacia la integración productiva y agrícola; mientras que, en Buenos Aires y CABA, el tema dominante sigue siendo el financiamiento y la defensa de la autonomía.
La pregunta es si el prestigio académico alcanzará para traducirse en votos. El desafío de los rectores-candidatos será mostrarse como algo más que representantes sectoriales. Aunque su respaldo social es amplio, la política exige construir acuerdos, alianzas y programas que excedan el universo universitario. En otras palabras, deberán convencer a un electorado más amplio de que pueden aportar soluciones no solo para la educación, sino también para los problemas económicos y sociales del país.
De todos modos, su sola presencia ya implica un cambio de escenario. Hasta ahora, las universidades habían intervenido en el debate público a través de comunicados, movilizaciones o negociaciones con el Ejecutivo. En octubre, ese protagonismo se pondrá a prueba en las urnas. Y si consiguen bancas, abrirán un nuevo capítulo en el vínculo entre política y universidad, con la posibilidad de llevar la defensa del sistema educativo público directamente al recinto legislativo.
En un año atravesado por el ajuste y los choques entre el Gobierno y distintos sectores, la candidatura de rectores universitarios marca un hecho inédito: el paso de autoridades académicas, con legitimidad construida en el mundo de la educación, al corazón mismo de la política nacional. Lo que ocurra en octubre no solo dirá si esa apuesta tiene respaldo ciudadano, sino también si la universidad pública logra consolidar su lugar como actor decisivo en la construcción del futuro argentino.