Trata de personas

Procesaron a tres hombres por posible explotación mujeres de una forma atípica

Operaban a través de una empresa llamada "Belle Argentina". La Justicia los embargó por 10 millones de pesos.

Por Redacción

Imagen ilustrativa

Tres hombres fueron procesados con prisión preventiva, bajo la acusación de explotar sexualmente a 21 mujeres en estudios webcam, operando a través de una empresa llamada "Belle Argentina". El Juzgado Federal de la provincia de San Juan, presidido por Leonardo Rago Gallo, imputó a los acusados por el delito de trata de personas, imponiendo además embargos de $10 millones para dos de ellos, considerados coautores, y de $3 millones para el tercero, señalado como partícipe necesario.

Esta decisión judicial siguió el camino trazado por los fiscales Francisco Maldonado y Fernando Alcaraz, junto con la fiscal cotitular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), Alejandra Mángano, quienes impulsaron la investigación y el pedido de medidas cautelares.

La pesquisa reveló que los dos principales acusados eran propietarios de la empresa y de diversas propiedades en la capital sanjuanina, donde, presuntamente, entrevistaban, alojaban y explotaban sexualmente a las víctimas. El tercer acusado se desempeñaba como "monitor" durante las sesiones de streaming erótico, supervisando a las mujeres, que tenían entre 19 y 30 años.

El juez estimó que la organización había generado un capital ilícito de aproximadamente $141 millones en un periodo de dos años, lo que equivaldría a ingresos mensuales cercanos a $6 millones. Como parte de la investigación, la Justicia ordenó allanamientos en cinco domicilios, donde se confiscaron monitores, webcams, teléfonos móviles, preservativos, cocaína, pendrives y otros elementos relevantes para el caso.

El modus operandi de los acusados para reclutar a las mujeres involucraba la publicación de ofertas laborales engañosas en redes sociales, dirigidas a personas que buscaban un cambio significativo en sus vidas. Las mujeres que respondían a estas ofertas eran entrevistadas por los principales imputados y, en ese momento, se les informaba que el trabajo consistía en realizar streamings eróticos para audiencias internacionales. A cambio, se les prometía el 50% de las ganancias generadas, pagadas en dólares.

Sin embargo, las víctimas recibían un "kit de iniciación" que incluía diversos objetos sexuales, como vibradores, lubricantes y dildos de distintos tamaños, que debían utilizar durante las transmisiones. Aunque el pago se acordaba de manera semanal o quincenal, los dueños de la empresa utilizaban distintas excusas para incumplir con la promesa del 50%, entregándoles únicamente el 20% de lo producido.

Los clientes pagaban a través de "tokens" o criptoactivos, utilizando diversas billeteras virtuales. Las plataformas de interacción exigían un tiempo mínimo de ocho minutos por sesión, durante los cuales se abonaban unos 200 tokens, equivalentes a la misma cantidad en dólares, incrementando así las ganancias de la organización. Este esquema no solo denota un abuso laboral y sexual, sino que también destaca la complejidad tecnológica y financiera utilizada para maximizar las ganancias y eludir controles legales.