Un brutal intento de femicidio sacudió el barrio de Núñez cuando un hombre apuñaló 26 veces a su expareja en una pizzería. La víctima, que sobrevivió de milagro, habló tras el ataque y compartió su desgarrador testimonio sobre los años de violencia que sufrió y el miedo que aún persiste.
"Viví 23 años con él y siempre hubo situaciones de violencia. Nunca lo denuncié porque pensaba que eso podía hacerlo enojar más. Era como caminar sobre vidrios, pensando que si lo dejaba tranquilo tal vez se calmaba", relató la mujer.
El ataque ocurrió el jueves por la noche, cuando el agresor ingresó al local donde ella trabaja desde hace más de un año. Según contó, él conocía perfectamente dónde localizarla: "Sabía dónde estaba porque en ocasiones traía a nuestra hija hasta aquí".
"Viví 23 años con él y siempre hubo situaciones de violencia".
Sobre las razones que pudieron desencadenar el ataque, explicó: "Hace un año logré irme de su casa. Mi hija decidió vivir conmigo, y creo que eso, sumado a que estaba rehaciendo mi vida, lo llenó de resentimiento. Pero nunca pensé que llegaría a este nivel de violencia. Siempre fue agresivo, pero jamás imaginé que pudiera lastimarme de esta forma".
Un momento escalofriante en el hospital
Tras el ataque, ambos fueron trasladados al mismo hospital, una experiencia que la mujer describió como "insólita y aterradora". "Cuando estaba en el shock room, escuché ruidos y vi que lo habían acostado en la camilla de al lado. Apenas podía ver porque tengo una herida en el ojo, pero lo reconocí", contó.
El personal médico reaccionó rápidamente y trasladó al agresor a otro sector tras atender sus heridas. "Él se lastimó el cuello, pero fue algo leve. No es tonto. No quería morir, solo quería que yo no sobreviviera", afirmó con crudeza.
Miedo al futuro
Aunque el agresor fue detenido, la mujer teme por su seguridad. "Todavía no caigo en la realidad, creo que la adrenalina no me deja. Lo que más quiero es que no salga más. Si vuelve a estar en libertad, estoy segura de que intentará hacerlo otra vez", expresó.
Con la voz cargada de miedo, pero también de determinación, pidió que su caso sea un ejemplo de lo que sucede cuando la violencia de género no se detiene a tiempo. "No me animo a salir en cámara porque tengo miedo, pero quiero que quede registrado lo que pasó. Si me llega a pasar algo, será responsabilidad de él", concluyó.

