Según la versión de la propia doble homicida, la raíz del crimen que conmociona al país fueron sus insostenibles deudas. Marina Silva, la suboficial de la Policía de San Luis que mató a sus dos hijos de 2 y 7 años mientras dormían, dijo, escuetamente, que no podía seguir viviendo con las acreencias que la perseguían, y que decidió terminar con las vidas de sus pequeños para que "no fueran una carga para nadie".
La familia de Silva sabía de las deudas y la habían ayudado, pero el pasivo de la suboficial no paraba de crecer. Según fuentes de la investigación citadas por medios puntanos, Silva debía unos 7 millones de pesos en micro créditos a varias financieras, 2 millones a bancos y bastantes cientos de miles de pesos a familiares y amigos. Tenía el sueldo embargado.
En cualquier caso, ni los investigadores ni los familiares pueden explicar la lógica que siguió Silva para matar a sus hijos, Sofía, de 7 años, y Bautista, de 2, como una forma de "liberar" a terceros de sus propias deudas. Más si se tiene en cuenta el dato referido a que, supuestamente, "no se animó a matarse", como era su plan original.
Detalles de un hecho macabro
"Me dijo que dejaba a los chicos en la escuela y se iba al banco", fue lo primero que mencionó Jonathan Funes, padre de Bautista, cuando llegó a la escena del crimen. En la entrada al barrio Los Fresnos, de Juana Koslay, ya se comentaba, antes de las 10, que el motivo del crimen había sido económico.
Otro indicio fue cuando Diego Silva, padre de la policía (a quien ya le dictaron la prisión preventiva) y abuelo de los menores, contó que su hija tenía problemas económicos "muy grandes" del que desconoce el origen.
"Tiene deudas con todo el mundo, le saqué préstamos, le presté la tarjeta y estoy hasta acá. Mi pareja hizo lo mismo, la hermana y el hermano; cuál era el problema económico, no lo sabemos. Hablamos con ella y le decíamos 'Marina, ponete las pilas'", dijo.
Hoy, en la audiencia de formulación de cargos, surgieron más detalles. Incluso en la nota que dejó de puño y letra mencionó que tenía el sueldo embargado y que no era culpa de Jonathan ni de su madre: "Ni Jonathan (por el padre de Bautista), ni mamá me hicieron embargar el sueldo. Yo sola me llené de deudas y no supe manejarlo. Quise (que) no le falte nada a los niños. Perdón, perdón, ya no pude más. No es culpa de nadie. Pero necesito paz. Pa y ma los amo, hermanos, gracias por todo y Jonathan perdón también, te amo. Perdón por no poder seguir más".
Firmó con su nombre y seguido a eso, dejó otro mensaje: "No quiero (que) mis hijos sean una carga para nadie. Los amo tanto Bauti y Sofía, que necesito estemos juntos". El texto estaba sobre la mesa del comedor.
Los registros de deuda de la mujer indican que, al menos en acreencias registradas, debía casi 7 millones de pesos a empresas de microcréditos. Hace tres meses había adquirido obligaciones bancarias por más de 2 millones de pesos. Pero, además, le debía cientos de miles de pesos a familiares y amigos; sólo su padre, según él mismo narró, le prestó 700.000 pesos tras sacar un préstamo.
Los investigadores creen que el plan de Silva era matar a los niños y luego suicidarse.
La acusación formal y la lectura de cargos
Las fiscales de Instrucción María del Valle Durán y Antonella Romagnoli fueron las que leyeron el acta de acusación.
Silva había colocado en el pasillo una garrafa y la dejó abierta y esa pérdida de gas habría provocado la somnolencia de los niños. Fue entonces cuando con su arma reglamentaria hizo un primer disparo en el colchón, a la altura de los pies. El objetivo era "probar el funcionamiento".
Encima de ellos, puso una almohada y un colchón. Y disparó dos veces a cada uno. "Las heridas dieron muerte inmediata", sostuvo Romagnoli en la audiencia de formulación de cargos.
La mujer escuchaba el relato de la fiscal en la Sala de Oralidad N°2 y lloraba. Así permaneció mientras recorrió los pasillos de Tribunales, y también durante la audiencia. Sólo dijo su nombre ante la consulta de la jueza Natalia Lazarte Otero y contestó "no" cuando le preguntó si iba a declarar.
Según la reconstrucción que hicieron, la subinspectora dejó dos carteles. Uno a la salida del patio con la leyenda "no entres" y otro en la puerta donde escribió "llamá a la Policía, no entres".
Fue alrededor de las 6:40 que salió de la propiedad. Si bien cerró la puerta de ingreso, dejó la llave en el suelo y una reja abierta. Pero después de eso, dio dos alertas: una a través del sistema interno de comunicación (WIN) de la Comisaría 34°, donde trabajaba, y otra mediante el grupo de WhatsApp con familiares.
A sus compañeros les pidió que enviaran un móvil a su vivienda y les indicó que la puerta estaba abierta. Cuando arribó un efectivo del Comando Radioeléctrico, ya estaba en el lugar una hermana de la mujer. La joven había visto los carteles, pero decidió ingresar. Fue cuando sintió un fuerte olor a gas. Se topó con la garrafa, la cerró y la sacó del inmueble.
Sin embargo, no quiso recorrer las instalaciones y le pidió a la policía que lo hiciera. Él se encontró con el trágico escenario. Llamó a personal del Sempro (Servicio de Emergencias Provincial), quien constató que los pequeños estaban sin vida.
En ese momento, comenzaron a arribar efectivos a la casa. Pero en paralelo inició la búsqueda de Silva, quien había sido registrada a través de cámaras de seguridad. Llegaron así hasta la cola del dique Cruz de Piedra, donde vieron a una persona de negro.
Se acercaron y constataron que Silva estaba sentada en el piso, con las piernas cruzadas y llorando. Tenía a un costado un arma negra y una sábana. Una de sus compañeras se acercó con cautela y la abrazó, mientras con los pies corrió el revólver del lugar. "Me quiero ir con mis hijos y mi abuela", le transmitió la ahora imputada.
Los policías la contuvieron durante una hora, mientras ella insistía en que quería quitarse la vida. Fue alrededor de las 11:30 que la trasladaron hasta la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia (Canaf). Fue a las 17:10 que se hizo efectiva la detención.
Cómo murieron los niños
La fiscal Romagnoli aclaró que, si bien aún no reciben el informe completo, la autopsia determinó que Sofía falleció producto de una lesión cerebro cardiopulmonar por pasaje de proyectil de arma de fuego, mientras que Bautista a raíz de una lesión cerebro pulmonar por el mismo motivo.
Aparte de eso, Durán imputó a Silva por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía, agravado por el uso de arma de fuego. Y pidió la prisión preventiva por 120 días.
Entre las pruebas que restan incorporar, mencionó el relevamiento de cámaras, una pericia caligráfica y la copia del chip, debido a que la subinspectora arrojó su teléfono al dique.
La querella estuvo en manos de Esteban Bustos, quien adhirió a los requerimientos de la Fiscalía.
"Voy a procurar que dentro de la cárcel se le brinde asistencia a efectos de que no intente ella misma atentar contra su vida y nos deje un sabor amargo. Queremos que pague como corresponde", sostuvo.
Este miércoles, al mediodía, La Toma despidió los restos de ambos pequeños. Fue en la localidad debido a que ambas familias paternas son de allí. En medio de una caravana, vecinos y familiares de Bautista y Sofía, les dieron el último adiós.
Con información del El Diario de la República y El Chorrillero


