Xoana Edith Escobar, de 36 años, era buscada intensamente desde el pasado martes, cuando salió de su casa en Rafael Castillo, partido de La Matanza, y nunca regresó. Su familia, sumida en la angustia, inició la búsqueda con la esperanza de encontrarla con vida. Sin embargo, en las últimas horas, esa esperanza se desmoronó: el cuerpo de Xoana fue hallado dentro de un tambor en un descampado de la localidad de Libertad, partido de Merlo.
"Ella nunca los deja solos", habían dicho con dolor sus allegados, refiriéndose a los siete hijos que dejó la víctima, incluidos dos mellizos de 8 años. La última vez que alguien supo de Xoana fue en la parada del colectivo cerca de las 19.30. Desde entonces, no hubo más señales de actividad en su teléfono celular ni en su tarjeta SUBE, lo que despertó las primeras alarmas.
El hallazgo que confirma lo peor
El cuerpo de Xoana fue encontrado en posición de cuclillas, con la ropa que su familia había descrito al momento de denunciar su desaparición, y con una soga alrededor del cuello. "No estaba en ese lugar desde el principio. Creemos que fue asesinada en otro sitio y luego trasladaron el cuerpo", señalaron fuentes cercanas a la investigación.
El caso quedó en manos de la fiscal Marina Rueda, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N.º 11 de Morón, especializada en Violencia Familiar y de Género. Tras el hallazgo, la fiscal ordenó una autopsia que confirmó lo que ya se temía: Xoana murió por asfixia mecánica.
Una justicia en busca de respuestas
Mientras las autoridades trabajan para identificar al autor del femicidio, las preguntas resuenan en la comunidad y entre los familiares de Xoana. "Es imposible comprender cómo alguien puede cometer algo así. Lo único que queremos es justicia para ella y para sus hijos", expresó una amiga cercana.
El crimen de Xoana Escobar se suma a la preocupante lista de femicidios que golpean al país y reaviva el pedido urgente de medidas efectivas para combatir la violencia de género.

