La búsqueda desesperada terminó con una noticia devastadora: el cuerpo encontrado en los cerros de Papagayos la semana pasada, en el oeste de Mendoza, pertenece a Federico Verazzi, el joven de 34 años que estaba desaparecido desde el 13 de abril. El descubrimiento lo hizo un grupo de jóvenes mientras exploraban una zona agreste de difícil acceso. A partir de allí, se abrió una nueva etapa en la causa, con más preguntas que respuestas.
La escena fue tan cruda como inesperada. Los jóvenes que recorrían la zona montañosa encontraron el cuerpo en avanzado estado de descomposición al pie de un acantilado, cerca de un cauce seco. La denuncia ingresó al 911 mediante un video que grabaron con sus teléfonos. La Fiscalía confirmó luego que el cuerpo vestía jeans, zapatillas negras y una campera oscura.
El abrazo que inquietó: el último gesto de despedida
Verazzi había salido de su casa en el barrio Bancario de Godoy Cruz a las 21.30 del domingo 13. Desde entonces, nadie volvió a verlo. Lo que más llamó la atención de sus allegados fue cómo se despidió esa noche de su madre. "El abrazo fue distinto, más largo, más fuerte... como si hubiera sido un adiós", expresó una familiar cercana.
Durante los nueve días de búsqueda, la familia recorrió zonas rurales, montañas y espejos de agua en Cacheuta, Potrerillos y Puente del Inca. Difundieron su imagen por redes sociales, medios de comunicación y grupos de búsqueda. Federico medía 1,75 metros, era de contextura delgada, pelo corto castaño, piel blanca y solía vestir de negro. Tenía tatuajes y cicatrices visibles en los brazos. Se creía que se había ido en una bicicleta con detalles amarillos, que nunca fue encontrada.
Una investigación abierta y muchas incógnitas
El caso está bajo la órbita del fiscal Gustavo Pirrello, quien ordenó la realización de una necropsia para determinar las causas de muerte. Aunque no se descarta ninguna hipótesis, en las primeras pericias se sugirió la posibilidad de un suicidio, pero los investigadores se mantienen cautos.
"La fiscalía no ha cerrado ninguna línea de investigación. Se trabaja con todas las hipótesis posibles", señalaron fuentes cercanas al caso. La confirmación de la identidad mediante análisis genéticos no despejó el misterio: sólo confirmó el peor de los temores.
El silencio de los cerros
Federico era descrito por sus cercanos como un joven sensible, con hábitos firmes y rutinas tranquilas. No había señales evidentes que anticiparan un desenlace tan trágico. Sin embargo, su entorno insiste en que necesitan algo más que un cuerpo: necesitan respuestas.
