¿Dónde están los Gill? La estancia de la muerte que guarda el secreto más oscuro de Entre Ríos
La desaparición de la familia Gill sigue siendo un enigma en Nogoyá. A más de dos décadas del hecho, la Justicia busca rastros en la estancia La Candelaria.
A más de dos décadas de aquel caluroso enero de 2002, el silencio en el departamento de Nogoyá no es paz, es complicidad. La desaparición de la familia Gill -integrada por Mencho Gill, su esposa Margarita y sus cuatro hijos pequeños- se ha convertido en el expediente más escalofriante de la Justicia entrerriana.
No se fueron por voluntad propia ni cruzaron la frontera. Se esfumaron de la faz de la tierra mientras trabajaban en la estancia La Candelaria, y hoy la pregunta sigue quemando: ¿quién los enterró bajo el suelo que ellos mismos labraban?
El rastro de la desaparición de la familia Gill en La Candelaria
El caso es un rompecabezas de omisiones y negligencias. El dueño de la estancia, Alfonso Goette, falleció en un accidente años atrás llevándose, presumiblemente, la verdad a la tumba.
Parte de la familia Gill, desaparecida en Entre Ríos 23 años atrás. (Foto: archivo web)
Sin embargo, los testimonios de los lugareños mantienen viva la sospecha de un desenlace violento. Adela Gallegos, madre de Margarita, ha sostenido con dolor durante años su postura frente a los medios: "A ellos los mataron y los enterraron ahí mismo, no tengo ninguna duda de que están en el campo".
Esta hipótesis es la que guía las excavaciones más recientes. Los peritos de Criminalística y el equipo de Antropología Forense han regresado al terreno en reiteradas oportunidades, rastreando pozos y montes basándose en la declaración de testigos que recordaron movimientos extraños de tierra tras la desaparición de la familia Gill.
Un expediente abierto contra el olvido
La investigación ha pasado por manos de distintos jueces y fiscales, chocando siempre contra la inmensidad de las hectáreas de Entre Ríos.
Estancia La Candelaria, donde residía la familia desaparecida. (Foto: archivo web)
Las sospechas sobre el trato laboral y un posible conflicto previo a la desaparición marcan el trasfondo de una tragedia rural. "Es imposible que seis personas desaparezcan sin dejar un rastro, un juguete o una prenda, si no hubo una logística para ocultarlos", señalan fuentes cercanas a la querella, subrayando la teoría del entierro clandestino.
El Estado sigue en deuda con los Gill. Mientras la maleza crece sobre La Candelaria, el reclamo de justicia se mantiene firme, esperando que la tierra finalmente hable y devuelva los restos de una familia que el poder y el silencio intentaron borrar de la historia.