Presión popular

Todos somos buenos pero si nos controlan somos mejores

En la Argentina, la honestidad parece que no es algo espontáneo, necesitamos una ley para que se sea exigible

Por Enrique Villalobo

La Cámara de Diputados semivacía — Foto NA

Debe quedar claro que la ley de ficha limpia no es una norma penal que vaya a agregarse a dicho código, ni tampoco está dirigida a personas con nombre y apellido como la presidente del Partido Justicialista, Cristina Kirchner.

Si bien el proyecto que fracasó en Diputados apuntaba principalmente a los delitos de corrupción, era factible de ser perfeccionado para incluir a todo tipo de ilícito que merezca una pena de prisión, sobre todo los más graves.

Muchos se desgañitaron lanzando la idea que sólo estaba detrás de todo la proscripción de la exmandataria. Es cierto que muchos argentinos desean que se le aplique inmediatamente a quien ha sido condenada en dos instancias a seis años de cárcel.

Pero aunque por el motivo que sea para muchos  el antedicho, si alguna vez se sanciona el proyecto será aplicable a todos los que vengan después y sean alcanzados por la prohibición de ser candidatos a un cargo electivo.

Cuando Carlos Menem pugnaba por la reelección consecutiva, la presión fue tan fuerte que para evitar una crisis que pondría al país en una difícil encrucijada se estableció el Pacto de Olivos, se reformó la Constitución y el entonces presidente pudo ser reelegido.

Pero ya pasó, Menem está muerto, y ahora los presidentes duran cuatro años y pueden ser reelegidos una vez en forma consecutiva como lo fue Cristina Kirchner en 2007 y Macri lo intentó en 2019.

Ya se verá si Javier Milei intenta repetir en 2027. Eso demuestra que la ley de reelección ni la reforma constitucional fueron para beneficiar a una persona, sino que tiene objetivos generales, ese es el sentido de las leyes, son para todos.

De ser sancionada la ley de Ficha Limpia, con los agregados que quieran hacerle ahora será aplicable a todo aquel que, mediante el voto popular quiera llegar a un cargo público. Si se le aplica a Cristina, a Boudou o a cualquier postulante a un cargo que está condenado en segunda instancia será un asunto legal y no proscripción.

Hasta ahí las cosas como han sido dichas en los debates y en las declaraciones periodísticas. Las versiones de los pactos y arreglos entre el oficialismo libertario y el kirchnerismo, son inevitable a la vista de los hechos y de los posibles beneficiados.

Silvia Lospenatto.

Si el grupo duro de La Libertad Avanza quiere probarse el año que viene si es capaz de derrotar al kirchnerismo, se notó mucho cómo intentaron que la ley no saliera y el camino de Cristina a las urnas estuviera despejado. 

Sin embargo, el efecto contrario fue tan ruidoso que hizo reflexionar, así parece, el presidente Milei y le propuso a la autora del proyecto conversar y presentar uno desde el oficialismo en las sesiones extraordinarias.

Pero observemos qué resultado tendría un pacto para que a la jefa del peronismo no se le impida participar. Cuál sería la magnitud necesaria para que una derrota política deje la fuera de juego para siempre.

En primer las elecciones del año que viene son para renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. El escenario donde va a jugar Cristina es la provincia de Buenos Aires, que elegirá 35 diputados nacionales.

Por más que el peronismo bonaerense sufra una derrota contundente la líder kirchnerista igual obtendrá una banca, ingresará al Congreso y tendrá fueros parlamentarios para zafar de tener que ir a la cárcel en caso de que la Corte Suprema le confirme la condena.

O sea, que no será tan fácil que Milei le pueda martillar el último clavo al ataúd del kirchnerismo.

Cristina Kirchner.