Desorientación

Si todo va bien, ¿por qué arriesgar lo logrado con actos que ponen en riesgo lo que hicieron renacer la esperanza?

Tampoco desde las oposiciones se emiten señales de que las cosas se pueden hacer mejor, por el contrario o se impone la vacilación o se esgrimen ideas retrógradas

Por Enrique Villalobo

Los argentinos de a pie quieren percibir más mejoras / — Foto Archivo

Qué queda como referencia sólida a la cual aferrarse cuando en un costado vemos a una autoridad dispersa y sin un mensaje firme, claro y coherente ante una incipiente corriente de dudas, desconfianza y posible desprestigio por lo ocurrido con el fracaso de la criptomoneda $Libra que afecta al Olimpo del poder libertario que hoy gobierna el país.

En el otro costado vemos la facción desplazada del poder que solo muestra como argumento furiosas diatribas e insultos contra los actos del actual Presidente pero que no logran tapar la memoria de la aplastante corrupción y las prácticas mafiosas con que gobernaron durante casi dos décadas.

La promesa de superar a una clase dirigente con pocas luces e inclinada más a acuerdos para que nada cambie, para que todos tengan su porción de poder y beneficios materiales y que se avance hacia el advenimiento de una nueva sociedad que progrese, está en dificultades para su concreción.

 

Demostraciones que ayudan muy poco

Parados en una frágil recuperación de los parámetros económicos, que todavía despiertan esperanzas, los argentinos vemos el extrañísimo show de un magnate blandiendo una motosierra, festejado por el presidente argentino, además el abrazo ideológico (¿) de un Donald Trump cada vez más peligroso para el planeta.

En la celebración de la poderosa ola conservadora y reaccionaria de la historia reciente, está nuestro presidente, que tal vez intuya y sepa leer que se viene un mundo en que no prevalecerán los valores de la ética republicana, de la austeridad y de la virtud, sino aquellas que prometen una rara libertad gozable solo para los ganadores.

Mientras que en la otra costa se revuelve una sopa hirviente de luchas por un poder deshilachado, arrinconado en el Conurbano bonaerense y con la esperanza de que las masas clamen por un nuevo regreso.

 

Una alternativa peligrosa

 

Sin términos medios

 

La historia de la política en la Argentina siempre ha demostrado el gusto por la polarización expresada en hasta ahora un imposible bipartidismo que tiene sus raíces en las facciones que siempre se enfrentaron defendiendo intereses que parecieron irreconciliables.

Hoy se expresan con tal contundencia que no dejan lugar a ningún tipo de moderación, pues al igual que en tiempos de Néstor Kirchner cuando se consideraba que el diálogo era síntoma de debilidad, el espacio para las negociaciones se abre cuando hay seguridad para que se imponga una sola línea de pensamiento la oficial.

De la desmesurada cantidad de pequeños partidos inscriptos no surge ninguna expresión que capte la precepción de que se pueden lograr algunas de las metas alcanzadas que están siendo reconocidas, sin forzar amenazas ni descalificaciones para hacerse posibles.

 

Aporte de las terceras vías

El camino iniciado en el saneamiento de algunos aspectos de la economía no se asegura dividiendo ni excluyendo, más si hay una mayoría concreta dispuesta a dejar de lado beneficios engañosos y empieza a tomar en cuenta que la idea de zafar del esfuerzo y esperar la dádiva o la solución de un Estado paternalista ya no tiene sentido.

Pero tampoco se asegura si se quiere arrasar con todo lo anterior, revolucionar todo no siempre da lugar a que lo nuevo es siempre mejor porque muchas veces no es nuevo si no que a veces se están desempolvando criterios obsoletos que ya están superados.

¿Se impondrá la idea que la solución es el trabajo?