Otra materia pendiente: la respuesta ante emergencias

Lo mejor para enfrentar una catástrofe como está ocurriendo en Corrientes es colocar a la máxima autoridad política como responsable civil y al comandante militar como el apoderado de la conducción de todos los medios afectados

25 Febrero de 2022 - 07:33

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25 Febrero de 2022 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

A modo de introducción: el desarrollo de los terribles incendios forestales que están teniendo lugar, principalmente en la provincia de Corrientes y secundariamente en las de Misiones, Córdoba y Mendoza, muestran que nadie está exento de sufrir una situación de emergencia o de catástrofe. Es más, la prudencia política indica la necesidad de estar preparado para las más probables, según la Historia y la Geografía de cada región. Los municipios, las provincias y la Nación misma, no son una excepción a esta regla general. Por lo tanto, todas ellas deben tener alistados los medios y los planeamientos y coordinaciones necesarias para enfrentarlas. Al menos, para la contención inicial del fenómeno y hasta que se reúnan medios mayores que puedan concurrir en apoyo.

Desarrollo: en ese sentido, la Nación dispone de sus FFAA, quienes tienen como misión subsidiaria brindar apoyo a las autoridades civiles en caso de emergencias y desastres naturales. Se las emplea, principalmente a ellas, porque su principal condición es la de poder operar en situaciones caracterizadas por la fricción y la incertidumbre. 

En función de ello, sus medios, materiales y humanos se encuentran especialmente endurecidos para sortear estas condiciones. Especialmente,  su personal, que recibe una educación destinada a tomar decisiones en situaciones límite para el comportamiento humano.

Por otro lado, enfrentarse con una situación de catástrofe o de emergencia implica una actividad integral que incluye al planeamiento, a las previsiones logísticas, como las actividades previas al suceso, y a la coordinación y al control, como aquellas a desarrollar durante la respuesta a las mismas.

Estas actividades típicas de toda emergencia y otras, ponen a las FFAA como una herramienta altamente capacitada para lidiar con ellas. Con lo dicho, no decimos nada nuevo. Ni algo que no se practique en casi todo el mundo. Pues es habitual que ellas intervengan en la mitigación y en la respuesta de estas situaciones.

Lo que nos llama la atención es que en nuestro país se emplean los medios de estas fuerzas, pero no su capacidad de conducción. Las mismas, según las políticas vigentes, solo se convierten en proveedoras de recursos humanos y materiales. Pero no pueden conducir su empleo.

Esto es así, aunque antes no lo era. Sino a partir de 1996 que se crea a nivel nacional “el Plan Nacional de Manejo del Fuego”, en respuesta a los incrementos de los incendios rurales registrados en el país. El mismo depende del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Ley 26.815 establece la operatividad jurisdiccional en lo local, provincial y nacional. La letra de la ley establece, prolijamente, la cadena de actuación y responsabilidades. Pero en la práctica queda en evidencia su inutilidad como consecuencia de la superposición de funciones de los organismos integrantes del Plan, es decir, que éste no cumple con la eficacia y eficiencia que se desprende del espíritu de la ley. Por lo que podemos considerarla un fracaso.

En principio, cada provincia cuenta con un organismo específico como sugiere la ley. Lo que resulta en una gestión descentralizada, donde todo termina mediante el envío de los valerosos Bomberos Voluntarios ,bajo la dirección de la Defensa Civil provincial, pero que en este nivel de catástrofe quedan, ampliamente y rápidamente, superados. 

Para seguir, en el año 2015 la ministra de Seguridad Patricia Bullrich asumió la conducción de las tareas de mitigación ante grandes emergencias o catástrofes ambientales, las que antes estaban en la órbita del Ministerio de Defensa.

Concretamente, la Ley 27.287 da origen al Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) bajo la dependencia del Ministerio de Seguridad. Al mismo lo componen alrededor de 70 entidades nacionales entre ministerios, secretarías, entes autárquicos, etcétera, y que generan dos graves e irreversibles daños: 1º - Al ser un organismo gigantesco, tecnoburocrático y horizontal no funciona en absoluto, porque carece de unidad de comando. 2º- Se diluye absolutamente el papel de la única institución que posee capacidad ante las emergencias y catástrofes que son las FFAA.

Dándose la paradoja que mientras estas fuerzas son las proveedoras de la masa de los recursos empleados, tanto humanos como materiales, no participan de la conducción de la emergencia.

Pedir que los comandos regionales, ya sea de los comandos de brigada o de los comandos de división de las FFAA conduzcan a sus propios medios no implica anular un lógico y necesario control civil sobre estas fuerzas. Lo hemos dicho siempre: la política tiene su lógica y la estrategia su gramática. Ello implica que la primera es una atribución indelegable de las autoridades electas y que la segunda debe ser dejada en manos de las fuerzas desplegadas sobre el terreno.

Concretamente, lo mejor para enfrentar una emergencia o una catástrofe, es hacerlo con unidad de comando. Vale decir con un organismo central que tenga a su cargo la conducción de las actividades, que por su propia naturaleza, son complejas y se realizan en forma descentralizada.

Se suma a ello, la necesidad de coordinar los esfuerzos de varias agencias con distintos niveles de dependencia administrativa. Tales como: elementos de ejecución de diversos ministerios y/o secretarías, fuerzas de seguridad y policiales, fuerzas enviadas por varias provincias, entre muchos otros. Además, no hay que descartar, en el caso de catástrofes de gran magnitud, la concurrencia y colaboración de medios extranjeros.

Todo ello nos lleva a concluir que lo más práctico es crear una zona de emergencia, la que puede abarcar a una provincia o a varias, colocando a la máxima autoridad política como su responsable civil y al comandante militar como el responsable de la conducción de todos los medios afectados. Dichos medios podrán ser conducidos bajo distintas formas de dependencia que respeten sus respectivos marcos legales.

A modo de conclusión: las FFAA cuentan con el adiestramiento, la cultura organizacional y los medios para lidiar con estas situaciones. No emplearlas de ese modo es dejarse guiar por un nefasto prejuicio. Uno que ya tiene consecuencias concretas y palpables.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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