Es historia

El espíritu del presidente Roca vuelve a encender la llama minera en Mendoza

Por Carlos Campana

Julio Argentino Roca fue un visionario que potenció en su momento el desarrollo económico del país. (Imagen: retrato archivo web)

Cada tanto, la historia -en especial en Argentina-, como suelo decir, "siempre se repite" y vuelve sobre sus pasos y nos recuerda que el progreso, en este país, ha estado ligado a la capacidad de aprovechar sus recursos naturales con un proyecto inteligente y con una visión de futuro.

Cabe destacar que, a fines del siglo XIX, Julio Argentino Roca (1843-1914) comprendió que el desarrollo nacional dependía de mucho más que del ganado y el trigo: era necesario mirar hacia la montaña, hacia ese territorio vasto y silencioso donde dormían las riquezas del subsuelo. 

Así, durante sus dos gobiernos (1880-1886 y 1898-1904), la minería se convirtió en una política de Estado y en una promesa de modernización económica.

Durante el mandato de Roca el país asumió la idea de que la diversificación vendría sostenida por la explotación minera. (Imagen: web)

Hoy, más de ciento cuarenta años después, el país parece reencontrarse con aquella idea fundacional. El reciente otorgamiento de la Declaración de Impacto Ambiental al proyecto minero PSJ Cobre Mendocino, en Mendoza, no solo marca un punto de inflexión provincial: simboliza el inminente regreso de la minería a la agenda del desarrollo argentino

A ello se suma el decidido apoyo del Gobierno nacional, que impulsa la minería como una de las grandes apuestas productivas de su administración, en sintonía con el nuevo contexto global de demanda de minerales estratégicos.

La historia, entonces, vuelve a abrirse paso entre los pliegues del tiempo. Y en ese espejo que une pasado y presente, el legado de Roca aparece más vigente que nunca.

Roca y el nacimiento de la Argentina moderna

Cuando el gobierno roquista llegó al poder en 1880, el país emergía de décadas de guerras internas y de un gran desorden en lo político, económico e institucional.  

La prioridad fue consolidar la unidad nacional, fortalecer las instituciones y proyectar una economía moderna capaz de insertarse en el mundo.

Roca fue un político de visión práctica, un hombre de Estado convencido de que la riqueza debía surgir del trabajo y de la inversión. Su lema era claro: "orden y progreso", pero no como una consigna vacía, sino como un programa de desarrollo integral. 

Obreros que participaron en la explotación del-oro en el norte neuquino. (Imagen: archivo web)

Entre las muchas áreas que impulsó, la minería ocupó un lugar destacado. Su gobierno promovió la exploración geológica, la redacción de leyes de fomento minero y la creación de instituciones técnicas que permitieran estudiar los recursos del subsuelo con criterios científicos. 

El Instituto Geográfico Argentino y las primeras misiones del Departamento de Minas y Geología nacieron en ese contexto: no para soñar con la riqueza, sino para conocerla y aprovecharla.

El primer mandatario entendió que el progreso no se construye solo con ferrocarriles y exportaciones, sino también con conocimiento, tecnología y apertura al capital extranjero.

Así, alentó la llegada de ingenieros europeos, promovió inversiones británicas y francesas, y sentó las bases de lo que podríamos llamar la primera "política minera nacional".

La minería como motor del federalismo económico

En los años de la "Generación del '80", el modelo agroexportador dominaba la economía, pero Roca no lo consideraba excluyente. 

Sabía que la Argentina necesitaba diversificar su producción y que las provincias del interior debían participar de la prosperidad nacional. Por eso impulsó la minería no solo como fuente de riqueza, sino también como herramienta de federalismo económico

La minería en 1880, el inicio de una propuesta de federalismo económico. (Imagen: web)

Con las exploraciones en Catamarca, La Rioja, Mendoza y la Patagonia se buscaba integrar al país productivamente, llevando caminos, empleo y ciencia donde antes solo había aislamiento. 

Durante su primer gobierno, las leyes de concesiones mineras facilitaron el acceso de capitales privados y garantizaron derechos de explotación a largo plazo. Su visión era pragmática: el Estado debía ser garante del progreso, pero sin asfixiar la iniciativa privada.

De ese modo, la minería se convirtió en un eje del discurso modernizador de Roca, junto con el ferrocarril, la inmigración y la educación pública.

El segundo gobierno: energía, industria y soberanía

Cuando Julio A. Roca regresó a la presidencia por segunda vez, en 1898, la Argentina ya era una nación sólida, conectada por vías férreas y reconocida internacionalmente. Pero él sabía que el desarrollo debía avanzar hacia un nuevo estadio: la industrialización y la autosuficiencia energética

Fue entonces cuando impulsó los primeros estudios petroleros en Comodoro Rivadavia, alentó la minería del carbón en Santa Cruz y Chubut, y promovió la creación de escuelas técnicas para formar mano de obra especializada.

Roca hablaba de fortalecer la soberanía económica incluyendo a la explotación minera. (Imagen: archivo web)

Bajo su gestión se consolidaron fundiciones y talleres metalúrgicos, y se trazaron los primeros mapas mineros del país.  El jefe del Poder Ejecutivo hablaba de "aprovechar la riqueza dormida bajo los Andes" y de "convertir el subsuelo en fuente de independencia económica".

Sus palabras no eran retórica: prefiguraban una visión nacional que un siglo más tarde sería retomada por distintos gobiernos. En su ideario, la minería no era un fin en sí mismo, sino un instrumento para fortalecer la soberanía económica y reducir la dependencia del exterior.

De la generación del '80 a este nuevo presente

Nos guste o no, la llamada "Generación del '80" buscó construir una Argentina moderna a través del orden, la ciencia y la educación. Tuvo como objetivo -y lo cumplió- de llevar a esta nación, en aquel momento, a los primeros puestos de los países más importantes del planeta

Y lo logró. Hoy, ratificado hace unos días, con el apoyo de gran parte de la ciudadanía, tanto el gobierno provincial, como el gobierno nacional se están replanteando algo similar y se enfrenta un desafío de reconstruir el país desde la inversión productiva, la tecnología y la confianza

La minería, en este sentido, encarna el mismo espíritu: unir capital y conocimiento, Nación y provincias, Estado y empresa. 

El entonces presidente Roca, entendía que el desarrollo no se decreta: se planifica. Y que el progreso no se impone: se convence.

Roca vio antes que nadie que el país podía valerse de los tesoros ocultos bajo la tierra. (Imagen: web)

Por eso buscó armonizar el interés público con la iniciativa privada, un equilibrio que hoy vuelve a estar en debate ante la necesidad de generar empleo genuino y divisas.

Las provincias mineras del siglo XXI -desde Mendoza hasta Jujuy- están llamadas a ser el nuevo motor de la Argentina federal. Y en ese proceso, el recuerdo de Roca no es un gesto de nostalgia, sino una brújula histórica.

La riqueza del suelo y la voluntad del hombre

Julio Argentino Roca fue, sin duda, el primer presidente argentino que concibió una política minera con sentido nacional.

Supo ver, antes que muchos, que la riqueza de un país no se mide solo en hectáreas cultivadas, ni en la producción del ganado, sino también en los tesoros ocultos bajo su tierra

Julio Argentino Roca tenía una visión moderna del desarrollo económico del país. (Imagen: web)

Su legado combina ciencia, pragmatismo y visión estratégica. Más de un siglo después, cuando la Argentina vuelve a apostar por la minería, su pensamiento resuena con nueva fuerza.

La Declaración del Gobierno de Mendoza a este proyecto y el respaldo del Gobierno nacional al desarrollo minero constituyen un punto de inflexión. Mendoza, una provincia que históricamente ha sabido equilibrar tradición y modernidad, vuelve a ponerse de pie sobre las bases del trabajo y la innovación.

El desafío ahora será el mismo que en tiempos de Roca: convertir los recursos naturales en bienestar colectivo. 

No se trata solo de extraer minerales, sino de transformar la riqueza del suelo en la riqueza de los ciudadanos. Porque, al fin y al cabo, como decía el propio Roca, "la prosperidad de la Nación no está en los discursos, sino en la acción".