Mientras la esperanza de muchos se renueva con la elección de un nuevo Papa, de buen talante, impregnado del espíritu de una América Latina sufriente, pero embebida en la fe de los sencillos, los argentinos no sabemos hacer otra cosa que complicarnos y hacer nuestras vidas difíciles.
El espectáculo patético que ofreció el Senado con el proyecto de Ficha Limpia y las consecuentes diatribas que surgieron desde los círculos oficiales y opositores están demostrando una peligrosa decadencia de la que muchas veces no queremos hablar y por ende tampoco reconocer y enfrentar.
Mientras la propaganda oficial sobreactúa el optimismo de algunos indicadores positivos con evidente intención de campaña electoral, desde el otro extremo de la línea el kirchnerismo afila los colmillos después de superado el escollo legal.
Sigue fallando la política mediocre y mezquina, se sospecha de la demorosa respuesta de la Corte Suprema que ahora parece no querer definir la situación de la expresidente en un año electoral. ¿Habrá especulación? En la Argentina cuando se piensa mal generalmente se acierta.
Estrategias modernas
Ahora el Gobierno va a influir para que se ponga el foco en las medidas que se aplicarán en torno a la salida al mercado de los dólares no registrados en manos de los particulares. Es seguro que muchos tenedores, de todos los calibres, se entusiasman en mejorar sus propios niveles de consumo.
Mientras se definen los montos en que se podría utilizar dólares sin rendir cuentas a la ARCA, las intervenciones del Presidente y los funcionarios de Economía machacan con que vendrán épocas luminosas para el país esgrimiendo las cifras de la inflación oficial.
Dentro de los cánones de la economía liberal del mundo, el camino por el que la Argentina marcha a los tumbos, estaría llevando a que las cosas puedan mejorar, eso sí, con algunos costos sociales.
Pero la oposición K, más simpatizantes y amigos, se ilusiona con volver al poder aunque solo tengan para ofrecer el enfrentamiento ideológico que hábilmente fogonean los libertarios. Todo con la memoria cercana de la debacle de la administración de Sergio Massa.
Perspectivas
Ahora bien, el debate político está totalmente ausente, solo se escucha de un lado la retahíla de insultos y amenazas, de la otra margen de la grieta el vetusto discurso de un populismo que hundió a la Argentina y es responsable de una de las mayores heridas asestadas a la democracia republicana, el odio entre facciones, algo que alguna vez pareció haberse superado.
Y aquí estamos, las ideas del cambio, las declamadas ideas de la libertad, el concepto de los ciudadanos de bien, etc. están pasando a ser eslóganes vacíos y en cierta forma hasta peligrosos porque ante la creciente intolerancia pueden transformarse en consignas falsas que impulsen acciones violentas contra los que verdaderamente ejercen la libertad.
Y en eso hay que sostener y defender la libre discusión, la crítica, las posiciones antagónicas además de la prensa libre, uno de los pilares del sistema y de la convivencia.
Hasta acá se ha pasado de los agravios y los insultos a la denuncia en la Jusiticia de supuestos delitos cometidos por periodistas profesionales. Que no se llegue a la persecución directa ni al encarcelamiento sin ningún tipo de causa.



