Por qué será que cada vez que en la Argentina se elige un gobierno diferente al anterior nos hacen creer que vienen a refundar a la Nación o que se inicia una reconstrucción del país.
Seguramente esto viene de mucho tiempo atrás empezando por la Nueva Argentina del primer peronismo, seguro todavía alguien recordará aquel gobierno de reconstrucción nacional inaugurado por Héctor Cámpora en 1973 después de la dictadura Onganía-Lanusse que dio paso al trágico proceso de reorganización nacional.
Todos caen en la misma tentación. Lo del tercer movimiento histórico de Raúl Alfonsín también fue cuestionable, ni qué decir de la revolución productiva. El cambio, como si ese concepto fuera bueno en sí mismo, todavía se lo sigue esgrimiendo y se pelean para ver quién tiene la verdadera fórmula.
Hoy, 2025, nada ha cambiado. No solamente basta con tirar en la cara las teorías de la Escuela de Austria sino que además aquellos economistas que no las abrazan con unción son automáticamente expulsados de la categoría de tales.
Llevar eso, y otras cosas, al extremo del maniqueísmo hace que inconvenientes posibles en la gestión del Estado se convierta en una epopeya que se tiene que superar caiga quien caiga.
Esta actitud a la que los libertarios le ponen un condimento más extremo está llevando al país a una situación casi límite en la que el eje de las preocupaciones es la economía y no tanto la calidad de los personajes de la pugna electoral.
Que si el 4%, que si el empate técnico o el "espanto" de la derrota del oficialismo nacional alimentan un terror nacional a que estalle el caos ante el eventual retorno del kirchnerismo. Algo que también alimentan las interminables notas y editoriales sobre el posible comportamiento de los mercados según el resultado del lunes.
En mucho mejores momentos de la presente gestión los mercados ni fu ni fa, hasta este mismo fin de semana vimos al presidente insistir ante sus contactos norteamericanos para que no le suelten la mano pase lo que pase hoy domingo.
Como la campaña bonaerense ha consistido solo en insultos, diatribas, balbuceos y advertencias apocalípticas y no el anuncio de proyectos legislativos (Recordar que estas elecciones renuevan la legislatura y concejos de una provincia y no de la Nación completa) en un momento dado los votantes se van a dar cuenta que no van a elegir ni a Milei ni a Kicillof que ya están elegidos y éstos se darán cuenta que tienen que seguir gobernando y no empezar a.
Es cierto que la provincia de Buenos Aires abarca el 37% del padrón nacional, pero eso no tapa las realidades de los otros 23 distritos en los que también hay vida.
"Sepa el pueblo votar" decía un viejo dictador el día previo a las elecciones en quelas volvió la democracia. Pero, podrá el pueblo bonaerense saber votar ante la extraña fauna que se le presenta y que para nada garantiza inteligencia y honestidad.

