La admiración y conexión con Jorge marcaron mi vocación, inspirándome desde su irrupción en Página/12 hasta sus documentales, y culminando en el intento de concretar mi sueño de entrevistarlo.
Me llevó unos minutos comenzar a escribir. Más allá del sentimiento de pérdida que me acompaña, aunque él nunca me conoció, yo sí lo conocí, y de muchas maneras. Incluso lo molesté bastante.
¿Puede uno conocer realmente a una persona con la que nunca estuvo físicamente? La respuesta es, sin dudas, sí. Desde que tengo uso de razón, fui curioso. Escuchaba entre charlas de adultos, lo que había significado la aparición de Página/12 en mayo del '87.
Allí apareció el nombre de Jorge Lanata por primera vez en mi vida. Tenía apenas 6 años, y ya despertaban en mí curiosidad sus ideas, su mirada. Página/12 no sólo fue disruptivo, sino también una fábrica de buenos periodistas. En aquel momento iniciándose, hoy en su mayoría, comunicadores de renombre.
Día D, que se emitía por la pantalla de América, era un programón. Los argentinos estábamos acostumbrados a dos estilos: Bernardo Neustadt y Mariano Grondona. De repente, veíamos en el prime time de la TV no sólo a un equipazo de periodismo de investigación, sino a un conductor que se quedaba fumando y en silencio durante 10 minutos en cámara porque el programa anterior le había entregado tarde.
Sus libros ArgentinosyArgentinos IIforman parte de mi biblioteca, así como también una biografía autorizada escrita por Luis Majul. En ella se relata su relación de amistad con Charly (García) y Fito (Páez), la pelea que tuvo contra su adicción a la cocaína, sus deseos de quitarse la vida, pero también qué le pasaba a ese pibe de 14 años de Sarandí que ya escribía en el periódico de su escuela primaria y que se presentó en Radio Nacional para armar los boletines.
Ese amor por contar historias, ese deseo incontrolable de interpretar la realidad, de entender más, es algo que no sabemos de dónde viene, pero sentimos en lo más profundo.
Años después, ya ejerciendo la profesión, una noche de verano tropecé en YouTube con el ciclo documental26 personas para salvar el mundo. El Gordo, como le dicen los más cercanos, lo había hecho otra vez. Su mirada lateral y su creatividad, junto con los recursos económicos de una multinacional como Turner, le habían permitido entrevistar a 26 personas en distintas partes del mundo, todas con una perspectiva extraordinaria.
Durante años soñé con tener un ciclo de entrevistas. Es el género que más me apasiona dentro del periodismo. Finalmente, lo logré y, hasta hoy, conservo ese espacio. En mi lista de entrevistados soñados siempre estuvo Jorge. Sí, le digo así, porque siento que lo conozco, que algo me une a él.
Siempre lo seguí, leí, vi y escuché todos los reportajes que le hacían. Me enteré de que compartimos un "mambo" con el tiempo: ambos somos apasionados por los relojes de pulsera y de arena.
Después de años de intentos fallidos, llegó una tarde crucial para acercarme al sueño de entrevistarlo. Lanata contó en una entrevista en TN que todo el mundo tenía su número de teléfono. Relató cómo una señora le pidió un saludo para el cumpleaños de su marido y, después de enviado el saludo, le recriminó por no haberlo hecho en video. Jorge, sonriendo, respondió: "Todavía que te lo mando".
No me preguntés por qué, pero sentí que era mi oportunidad. Al día siguiente, una vez finalizado su programa, le escribí por WhatsApp lo siguiente...