El crucero General Belgrano, un nombre que resuena en la memoria colectiva de los argentinos, no solo es recordado por su trágico final, sino por los intrincados derroteros que marcó a lo largo de su existencia.
Nacido bajo la bandera estadounidense, pasó por las aguas del Pacífico, fue testigo del ataque a Pearl Harbor y llegó a nuestras costas convertido en un símbolo de poder naval.
Sin embargo, la historia de este barco es mucho más que una secuencia de fechas y lugares. Es, en esencia, una historia de transformaciones, de alianzas y de una fatalidad que nadie anticipó.
El nacimiento de un gigante
La historia del USS Phoenix (CL-46) comienza en los astilleros de Camden, Nueva Jersey, donde fue construido en 1938 por la New York Shipbuilding Corporation.
Botadura del USS Phoenix en Camden, Nueva Jersey. (Imagen: archivo web)
Era un crucero ligero, parte de la clase Brooklyn, diseñado para ser rápido y maniobrable, con una impresionante artillería de 15 cañones de 152 mm. Pero lo que lo haría famoso no fue solo su potencia de fuego, sino su supervivencia en un evento que quedaría grabado para siempre en la historia de la Segunda Guerra Mundial: el ataque japonés a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.
En ese día fatídico, mientras la flota estadounidense se veía devastada por el ataque aéreo japonés, el Phoenix se encontraba en el puerto, al fondo de la bahía. Por esta posición, la nave logró escapar ilesa, una suerte que no corrieron otros buques.
El USS Phoenix salió ileso durante el ataque japonés en Pearl Harbor. (Foto: archivo web)
Desde ese momento, el Phoenix inició su recorrido por el Pacífico, participando en cruciales batallas, como la defensa de las Islas Salomón, y formando parte de la flota que combatió contra el Imperio Japonés hasta la rendición final en setiembre de 1945.
La espera y el renacer
Pero, como suele ocurrir con muchos héroes de guerra, el USS Phoenix no encontraría la paz en sus aguas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, fue puesto en reserva, esperando un destino incierto. Durante cinco años estuvo amarrado, esperando ser desguazado o vendido.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el barco fue puesto en reserva, hasta que fue adquirido por la Argentina. (Foto: web)
Fue entonces cuando, en 1951, el Gobierno argentino, encabezado por el presidente Juan Domingo Perón, decidió adquirirlo. La compra de este buque, por la suma de 7,8 millones de dólares, formaba parte de un plan más grande para fortalecer la Armada Argentina, como uno de los objetivos que se había propuesto el primer mandatario.
Así, el Phoenix fue rebautizado como ARA 17 de Octubre, en homenaje a la fecha histórica del 17 de octubre de 1945, cuando Perón había consolidado su poder.
El buque fue modernizado, adaptado a las necesidades de la Argentina y comenzó a formar parte de la flota nacional.
Sin embargo, el nombre 17 de octubre no perduraría por mucho tiempo. Tras el golpe de Estado del 16 de setiembre de 1955, que derrocó a Perón, el barco adoptó la denominación con la que sería recordado por generaciones: ARA General Belgrano (C-4), en honor al prócer de la independencia argentina.
La Guerra de Malvinas: el último viaje
El General Belgrano continuó siendo un referente de la Armada Argentina hasta 1982, cuando, durante la Guerra de Malvinas, su historia llegó a su punto más trágico.
El 2 de mayo de ese año, el Belgrano formaba parte de la Flota de Mar que se encontraba operando en el Atlántico Sur, frente a las costas de las Islas Malvinas, cuando un submarino nuclear británico, denominado HMS Conqueror, atacó al buque con tres torpedos.
El impacto fue fatal. En menos de una hora, el Belgrano se hundió, llevando consigo a 323 de sus 1.093 tripulantes. Los sobrevivientes fueron rescatados bajo condiciones extremas, en medio del frío y las difíciles corrientes del Atlántico Sur.
El HMS Conqueror atacó al buque argentino con tres torpedos que ocasionaron su hundimiento el 2 de mayo de 1982. (Imagen: archivo web)
La pérdida del Belgrano fue un golpe devastador para la Armada Argentina, pero también para todo el país. Su hundimiento fue un hito que marcó el curso de la guerra y consolidó la determinación de la Argentina de defender su soberanía sobre las islas.
Un legado de valor y dolor
Hoy, el ARA General Belgrano sigue siendo un símbolo de valentía, de sacrificio y de la eterna lucha por la soberanía nacional.
El barco, que comenzó su vida como un crucero ligero estadounidense, pasó a formar parte del orgullo argentino, y su destino trágico se entrelazó con las páginas más dolorosas de nuestra historia contemporánea.
En cada aniversario de su hundimiento, el país lo recuerda no solo como un buque de guerra, sino como un recordatorio de los hombres y mujeres que lo tripularon, que dieron su vida por un ideal que va más allá de las aguas del océano.
El ARA General Belgrano es un barco con historia, un barco con un destino trágico que vive en la memoria colectiva, no solo de aquellos que lo vieron surcar las aguas sino de gran parte de los argentinos que, desde entonces, lo llevan en el corazón.