El buen debate es imprescindible
Las universidades públicas han sido un motivo de orgullo nacional, la política no debe bajar el nivel de la discusión.
Por Enrique Villalobo
6 Octubre de 2024 - 08:30
6 Octubre de 2024 - 08:30
6 Octubre de 2024 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista
El debate necesario sobre las universidades públicas es necesario, aceptarlo no significa ningún tipo de renunciamiento a uno de los temas de verdadero orgullo de la Argentina que es el nivel y prestigio de la enseñanza pública, y sobre todo su gratuidad.
Si contamos la Reforma Universitaria del 18, como el arranque al sistema de enseñanza superior estatal, han pasado 106 años de entonces y no se puede negar que en el mundo muchas cosas cambiaron.
Por ejemplo, tomar conciencia que una de las esencias del régimen republicano es el control, la honestidad de los funcionarios y la publicidad de sus actos, en otras palabras, la transparencia.
La autonomía y el gobierno tripartito de las universidades nacionales debe ser una copia fiel de la vida republicana. En sus consejos superiores, si bien no hay división de poderes con el Estado, sí convergen intereses distintos que al pujar entre sí deben defender sus posiciones y de paso gobernar la universidad.

Los claustros de docentes, estudiantes y egresados pueden tener diferentes ópticas para ver la realidad, pero siempre de cara a la comunidad universitaria y a la sociedad.
Nadie debería pretender cuestionar los fondos destinados a solventar la educación superior, pero como contrapartida el control y la transparencia de los gastos debe ser un gesto de urbanidad y buen proceder, insisto, de cara a la comunidad universitaria y a la sociedad.
La actividad universitaria es académica y política, esto último asusta y molesta a muchos, pero en los claustros es donde germinan las ideas, allí es donde se aprende ciudadanía, donde el pensamiento es causa y efecto, donde se nutre del dinamismo de la juventud para que las sociedades avancen.
En esta tercera década del siglo 21 da la impresión de que las universidades ya no son lo que eran, los estudiantes tampoco, y mucho menos los partidos políticos.
Por eso el debate sobre las universidades es muy pobre. Tan así es que no se percibió antes la necesidad de adecuación, de modernización. Tuvo que surgir la amenaza de un gobierno que abomina del Estado, de sus servicios esenciales y también de la verdadera educación pública.
La actual fauna partidaria trata de sintonizar con la moda liberal-libertaria con la cantinela de que "como pago impuestos, todo lo que hace el Estado es con la plata nuestra". Ninguna agrupación amaga con desarrollar alguna de las teorías del Estado que dicen que se trata de la sociedad jurídicamente organizada.
La chatura de la discusión y el debate, entre ellos el de las universidades pública, ha llevado al aislamiento, la cerrazón de la que nunca se saldrá con algún resultado y todo se limitará a justificar lo que se cree que es lo correcto.

Está bien esgrimir posiciones afectivas sobre los brillos del pasado, de haber pasado toda una vida en las aulas dando o recibiendo clase o que fui el primero de mi familia en ser profesional. No hay discusión sobre que la educación en general y la superior en particular han sido el gran movilizador social de la Argentina.
Pero para refutar la tan mentada "con plata mía", sería de buena costumbre republicana establecer un sistema transparente de publicidad de los gastos.
Además se debe definir de una vez que, dada la gran población con ambiciones de acceder a estudios superiores y las limitaciones materiales de los establecimientos es necesario aplicar exámenes de ingreso, los cuales no significan una medida discriminatoria.
Mientras tanto, la discusión triste de si se le cobra arancel a los más ricos o a los extranjeros no residentes se debe dejar de lado por el, por una parte bajo porcentaje de estudiantes extranjeros residentes, y porque los no residentes no se pueden inscribir en ninguna facultad.
Y la de los ricos no sería algo así como si en las escuelas primarias de guardapolvo blanco se les hubiera cobrado una cuota a los hijos del profesional del pueblo, al del intendente o a los del comerciante.
Todos estos temas que fueron la aplicación concreta de los principios sarmientinos hoy parecen ser desconocidos por ambos bandos del debate político sobre la educación.

La política gobernante u opositora está demostrando su vacuidad en este y en casi todos los temas. No es nuevo que la decepción creciente de la población la lleve a optar por lo que parece novedoso y se empiecen a perder de vista los valore de la democracia cuya trinchera más firme es la educación.