Ética o conveniencia

Cómo queda la Argentina entre la economía y la baja calidad institucional

Como siempre, los egos provocan una nueva fractura de la fórmula presidencial con la creciente desconfianza entre Milei y Villarruel.

Por Enrique Villalobo

La distancia no es algo nuevo. / — Foto Archivo

Estamos corriendo tiempos políticos en los que no solo se sobrepasan algunos límites, sino que ya ni siquiera se conocen esos límites. Tantas décadas de errores y sinvergüenzadas le han hecho perder a la gente casi la consideración de lo que está mas o menos bien o del todo mal.

Si la perspectiva económico-social puede estar entrando en una senda de cambios que tuerzan el destino argentino en términos más positivos, las rencillas políticas, los errores por ignorancia y las maniobras maliciosas pueden arruinar los precarios avances logrados.

Lo ocurrido en el Senado no va a desatar una corrida del dólar ni va a estallar una nueva subida de la inflación. Con los piquetes en la CABA y las amenazas de paros que probablemente no se cumplan el gobierno de La Libertad Avanza termina el año sin frentes externos y se encamina a sellar su actual suerte en las elecciones legislativas del año que viene.

La sesión que presidió Villarruel.

Sí en cambio hay que observar es el efecto en los mercados y en los potenciales inversores, que, tienen a la Argentina en observación y están atentos a que no vuelva a caer en las viejas prácticas de incumplimiento y falta de respeto a los acuerdos.

El quiebre

La egolatría desmedida de Javier Milei y la ambición evidente de Victoria Villarruel, sumada a la escasa experiencia política de ambos sale a la superficie cuando los desencuentros se transforman directamente en choques que por ahora no afectan la institucionalidad.

El Presidente está en ese lugar porque lo votaron a él, pero la vicepresidente ha llegado a medir en imagen más que él, aunque eso no se transforme en la posibilidad de un proyecto político de Villarruel. Quizá sea el resultado de las comparaciones entre la actual y la anterior ocupante del sillón principal del estrado del Senado.

Ya no resulta novedoso el desdén que le produce a Milei la presencia de la vice y para el entorno libertario de la Casa Rosada sería un alivio una eventual renuncia de Vicky. Hecho que no sería novedoso en la Argentina pero hay un detalle: el lugar del vice pasa a ser ocupado por el presidente provisional, que en este caso es el senador puntano Bartolomé Abdala, alguien que ya demostró su catadura al reconocer que tiene asesores en su provincia para armar una campaña electoral que lo lleve a gobernador.

Bartolomé Abdala, el sustituto.

Seguramente el peronismo mayoritario, que va a ocupar la banca dejada vacante por Edgardo Kueider, estará muy cerca del quorum propio, tendrá poder de bloqueo y querrá imponer uno propio para la presidencia provisional.

Dirán que corresponde un oficialista para mantener la línea de sucesión presidencial, pero esa ley no escrita suele no ser respetada por quien tiene la mayoría parlamentaria, mejor dicho, cuando el peronismo la tiene. Ya pasó cuando De la Rúa perdió las elecciones de medio término en 2001 y el peronismo impuso el número y puso a Ramón Puerta, peronista que al no haber vice por la renuncia de Chacho Álvarez, ocupó la presidencia ante la renuncia del Presidente radical.

Ahora bien, el año que viene renuevan senadores ocho provincias, Tierra del Fuego, Santiago del Estero, Salta, Río Negro, Neuquén, Entre Ríos, CABA y Chaco, en esos distritos se renuevan 14 senadores del peronismo, 4 radicales, 2 del PRO, 1 de Cambio Federal, 1 de Unidad Federal, 1 del Movimiento Popular Neuquino y 1 por Juntos Somos Río Negro.

Y si se repite la ola libertaria en 2025, no es fácil mantener esas 14 bancas peronistas, sobre todo en distritos como Entre Ríos, CABA, Chaco y Salta por ejemplo, pero pueden ser más. O sea que la actual mayoría PJ está cuestionada.

El kirchnerista José Mayans, la piedra en el zapato.

Sin embargo, nada es seguro cuando se sabe que hay acuerdos entre libertarios y kirchneristas en manos del asesor Santiago Caputo y los juegos del poder como el que se dio cuando en nombre de la ética lo que se estaba disputando era una banca que Kueider había "borocoteado".

Pero, lo que puede pasar es que como siempre se dice: "aquí no ha pasado nada".