Nuevo mundo

Cambia el escenario de las relaciones comerciales y el efecto puede ser caótico

Qué posibilidades tienen los países débiles de no ser sobrepasados por los más fuertes

Por Enrique Villalobo

Donde Milei se siente mejor. — Foto Archivo

El mundo está perplejo, por más lejanas que parezcan las iracundas decisiones del presidente de Estados Unidos sobe comercio internacional, a la larga o a la corta sus efectos llegan.

Los argentinos creemos que por nuestra posición geográfica estaríamos a salvo de cualquier hecatombe mundial generada por los poderosos del Norte. Pero ya no es así.

Quizá una nube radioactiva producto de un conflicto nuclear limitado no llegue hasta estas solitarias lejanías del Sur, pero si la civilización como se la conoce hasta ahora se desintegra en su actual estructura, caemos todos en una espiral descendiente que nos llevaría hacia atrás en el tiempo.

Ahora bien, si bien no hay guerras globales y el mundo se las arregló durante décadas para mantener una suerte de equilibrio del terror, la multipolaridad del poder nuclear ha repartido en manos de muchos la decisión de desencadenar el holocausto.

Rusia invadió un país vecino, China amenaza a una pequeña isla separada de su hegemonía, Israel no deja de atacar con saña vengándose de una espantosa masacre, Francia le promete a Europa defenderla con un paraguas nuclear, Corea del Norte juega a la guerra amenazando a Japón y Corea del Sur, India y Pakistán permanecen en silencio mientras Irán está cada vez más cerca de tener su propio juguete atómico.

Conservar el Mercosur

Por ahora todos se temen mutuamente incluido el protagonista que tomó un camino diferente para detener el reloj de la historia y, a juicio de muchos hacerlo retroceder.

Donald Trump se metió con el comercio poniendo fuertes trabas arancelarias y, como es el país hasta ahora más poderoso del mundo en su capacidad económica los efectos son de alcance mundial poniendo todo patas para arriba.

La odiada globalización

Durante décadas se construyó lo que llamamos economía global, la tecnología, la inmediatez de las comunicaciones hicieron posible que las transacciones se hicieran en tiempo real entre los puntos más alejados del planeta.

Así las cosas fue necesario establecer reglas, las relaciones se hicieron más fluidas y los países buscaron agruparse en comunidades de interés, en cercanías geográficas y hasta en coincidencias culturales e idiomáticas.

Estados Unidos se avino a ese sistema en el que el comercio le daba un nuevo impulso al progreso de la humanidad en términos generales, habida cuenta de las excepciones de los automarginados y los olvidados de Dios.

Si es por reconocerle méritos al comercio en la historia, cabe mencionar que el intercambio de mercancías sacó al mundo de la Edad Media, unió pueblos y fue garantía de paz en una humanidad que fue dejando atrás el salvajismo de los dogmas y abrió las puertas a la expansión de las culturas.   

Es inevitable que, en un universo de interrelaciones donde lo que prima es el interés y no el altruismo, haya ganadores y perdedores, fuertes y débiles, por ese motivo los acuerdos multilaterales y las regulaciones intentaron evitar desequilibrios injustos. No fue mucho lo que se logró.

Exportaciones argentinas

Nueva forma de negociar

Por eso el más poderoso entre los poderosos sale a romper con lo establecido y pretende crear un mundo en el que solo se establezcan acuerdos bilaterales, ya no habrá organismos que regulen ni pongan límites a las especulaciones.

Donald Trump dice "si quieren comerciar conmigo pactemos entre las dos partes". ¿Libertad de contrato entre iguales? Muy lejos de eso, de un lado el que domina el 25% del comercio mundial, del otro lado economías débiles como la de la Argentina, que para Estados Unidos pueden ser sustituidas rápidamente.

Camino muy difícil el que hay que recorrer ahora, quizá la cercanía ideológica de los gobiernos pueda lograr alguna ventaja, pero a costa de terminar de romper el proyecto nunca terminado como el Mercosur. 

Importancia del aluminio argentino