Tiempos difíciles

Buen síntoma cuando la Justicia se pronuncia, malo cuando hay tanto descreimiento

Es demasiado alto el porcentaje de los que no aceptan la evidencia de los delitos cometidos.

Por Enrique Villalobo

Prisión domiciliaria — Foto NA

No es motivo de orgullo que un ex presidente de la democracia sea encarcelado porque se la haya comprobado que cometió delitos que perjudicaron al Estado. Y que haya cometido esos ilícitos ejerciendo el cargo más honroso al que pude llegar un ciudadano argentino.

Con todas las mañas y defectos que puedan tener los seres humanos que cumplen funciones judiciales, el sistema judicial siempre tiene recursos e instancias para corregir los errores y las malas prácticas intencionadas.

Por lo tanto sí es motivo de preocupación el debilitamiento que le causa la democracia el descreimiento, si es genuino, o la intencionada descalificación de un proceso judicial correcto como el juicio en una de las causas que condenó a Cristina Kirchner a seis años de prisión.

Corte Suprema implacable

Dicen que el pronunciamiento de la Corte Suprema que avaló el fallo condenatorio del Tribunal Oral Federal Número 2 es un acto político persecutorio y proscriptivo, ignorando los 17 años de investigaciones y presentación de pruebas ocurridas durante el mismo gobierno de la señora Kirchner, y los que la sucedieron, por jueces propuestos por gobiernos K y aprobados por un senado de mayoría K.

Dicen que el juicio no fue justo porque un par de magistrado tuvieron el muy condenable gesto de reunirse con Macri en una propiedad suya en Villa La Angostura, acción reñida con la ética pero que no involucra a la totalidad de magistrados que intervinieron.

Y por último no tienen vergüenza en afirmar que se trata de estar viciado de influencia político-partidaria cuando aceptaron y se vanagloriaron de tener jueces y fiscales embanderados en un movimiento como Justicia Legítima de neto corte kirchnerista al que esgrimen con todo desparpajo.

En estos días se exhibió el arista más peligrosa de un sector político e ideológico con muchísimos seguidores, la intolerancia, el principio totalitario de que son los únicos que "interpretan y representan" al pueblo. Son un sector para quienes la democracia solo es válida y se la debe respetar (u obedecer) solo cuando ellos están en el poder.

Hoy el Gobierno, tan parlanchín cuando tiene que insultar y amedrentar a la prensa libre, no dice nada cuando a ojos vista la condenada induce a actos de violencia con su histérico bailoteo en el balcón de su residencia.

 

Encuesta de Zuban Córdoba

El caso todavía está en manos del tribunal, pero el mantenimiento del orden y la convivencia en paz de la comunidad es responsabilidad del Ministerio de Seguridad. Y no es necesaria la torpe y violenta represión de las fuerzas de choque, hay caminos de diálogo posible para que la veneración a una figura política no se transforme en un martirio para los demás.

La verborragia libertaria y las amenazas contra críticos, opositores moderados y economistas que no comparten los criterios dogmáticos del pensamiento económico, no se ve con la misma intensidad cuando sí se pone en riesgo la paz social con bloqueos, marchas y agresiones.

La Argentina está dividida en porcentajes muy similares. El apoyo o el rechazo al encarcelamiento de CFK tiene muy poca diferencia a favor del primer término. La retroalimentación del odio empieza a crecer como no lo veíamos desde la época de régimen impuesto por la Revolución del 1955.

La democracia debe tener fuerzas para impedir enfrentamientos, como es el que se está gestando. Sus actuales gestores tienen que dejar de mirarse el ombligo embelesados con una baja de la inflación que no termina de solucionar los graves problemas sociales.

 

Apoyo sin condiciones

Se vienen las elecciones legislativas en todos los niveles legislativos. El voto es siempre factor ordenador además de esclarecerle a la sociedad hacia dónde quiere ir.

Los últimos comicios han demostrado un aumento de la indiferencia y el hastío de los electores y eso deja un vacío que la naturaleza de la política aborrece. Y esos vacíos suelen llenarse con lo peor, con los que se creen que son los intérpretes permanentes de la voluntad general y, peor aún, con los que creen que son dueños de la verdad absoluta.