En el segundo año de mandato libertario se observan datos de la economía que son resultado de decisiones audaces y que han producido efectos para muchos sumamente positivos y prometedores.
Un panorama así debería estimular al resto del espectro político a buscar recetas para competir y tratar de convencer a los futuros votantes que se despertaron y son capaces de hacer lo mismo o algo mucho mejor.
Eso sería un ideal imposible de cumplir en la Argentina, ni creo que tampoco en otro país conocido, así que no ilusionarse y menos en un contexto de desprestigio de la política y de sus protagonistas que se incrementa día a día.
En la penúltima semana de 2024, en vísperas de un año electoral la lucha por el poder, tanto por permanecer a cualquier costo como acercarse lo más posible a él para subsistir, es el poco edificante panorama que ofrece nuestro país.
Con vistas a la renovación de la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado Milei aspira a obtener una mayoría relativa que le permita imponer las reformas planeadas sin tener que negociar más allá de su tolerancia a la disidencia.
Las elecciones de 2023 si bien fueron una sorpresa, la dispersión de las fechas electorales, las PASO y los desdoblamientos de algunas provincias permitieron que el electorado se concentrara en evaluar en la figura de los candidatos presidenciales.
El rechazo a todo los que remitiera a las gestiones kirchneristas dio como resultado lo que ya conocemos.
Pero el año que viene no hay figura presidencial en las boletas para traccionar, pero sí el solo nombre de Javier Milei que le pondrá condimento a toda lista de se encolumne con La Libertad Avanza o alguna de sus versiones provinciales.
Sin considerar si habrá o no PASO nacionales, los desdoblamientos servirán para que los gobernadores puedan llevar mas agua a sus molinos pretendiendo que la gente los evalúe sus gestiones y les provea de legisladores provinciales para asegurar sus gobernabilidades.
Pero es muy probable que el fastidio de ir una y otra vez a las urnas termine poner el voto para quien pueda seguir haciendo creer a los electores que es diferente.
Mientras, legisladores y dirigentes tanto del PRO como del radicalismo se van corriendo hacia el cuartel mileísta con el pretexto de "querer lo mejor para la Argentina" y no vacilan en quebrar bloques legislativos acercándose cada vez más a más dramáticas divisiones y rupturas partidarias.
Dese el peronismo el riesgo de desgranamiento comienza a percibirse con posturas individuales diferenciadas. La estructura kirchnerista cruje en su principal bastión, Axel Kicillof empezó a sufrir el embate cristinista que no va a admitir jamás que alguien le desafíe.
Habrá que ver quiénes siguen aterrorizándose con sus peroratas y los paraliza el temor quedarse sin trabajo o dejar de participar de los "beneficios" de pertenecer, esa será la forma de probar el verdadero poder de la expresidenta, por lo menos en la interna, después se verá en las urnas.
El mando de la UCR busca posicionarse
En la oposición el caos es la descripción más acertada de la situación. El PRO no tiene herramientas para concretar un proyecto compartido con un Javier Milei que no va a compartir nada sino que solo quiere su hegemonía algo que significaría que la tropa de Mauricio Macri siga diluyéndose buscando el abrigo del bando posiblemente ganador.
En el radicalismo el panorama fue calificado por un viejo dirigente como un verdadero sainete en el que hay correligionarios que buscaron sucesivamente el amparo del Kirchner, de Massa, de Macri y ahora de Milei. A esto se suma la fractura con el comité nacional presidido por un exministro de Cristina Kirchner, un rebelde que no tolera rebeldías.
Habrá que ver en las provincias gobernadas por la UCR cómo se arman las estrategias ante el avance de los libertarios que, si no tienen todavía habilidad para armar estructuras, sí la tienen para desarmar las frágiles alianzas existentes.