Cuando se analiza cualquier tipo de cuestión que implique tratar sobre límites geográficos de la Argentina actual es necesario retrotraerse a la etapa colonial. En el derecho internacional, cuando se establecen los límites de un Estado que se independiza de otro, uno de los principios utilizados es el llamado uti possidetis también conocido como “principio o derecho de herencia”.
Este implica que el territorio en poder de un Estado colonial es heredado por el que se independiza. Por lo tanto, al tratar los derechos argentinos sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur lo primero es considerar si la soberanía sobre las islas correspondía a España, y en caso positivo de qué región –dentro de la división política de los territorios americanos– dependían.
El descubrimiento de las Malvinas
Nos encontramos frente a uno de los puntos más discutidos y polémicos, pues es difícil establecer con precisión quién fue su descubridor. Tal como señala el historiador Laurio H. Destéfani, al analizar estas cuestiones y la veracidad de los relatos de los navegantes es necesario tener en cuenta factores como: qué instrumentos se usaban para navegar, las características de los buques, las corrientes marinas, los vientos, el clima, los itinerarios de los viajes, las coordenadas de ubicación de los territorios descubiertos dadas por los marinos –con los posibles márgenes de error dados los instrumentos de medición empleados–, las descripciones (fauna, flora, accidentes geográficos, puertos, clima etcétera), la intencionalidad de los relatos y hasta la posibilidad de plagio de documentos, entre otros. Es un tema muy complejo.
Los historiadores consideran que no hay dudas que el descubridor de las islas Malvinas fue el holandés Sebald de Weert. En 1598 los Estados Generales de Holanda enviaron cinco naves comandadas por Jacobo Mahu hacia las Indias Orientales. Tras una navegación plagada de dificultades los buques se separaron frente a las costas de Chile. Uno de ellos, la Geloof (Fe), dirigida por de Weert, decidió retornar a Holanda y cruzó el estrecho de Magallanes, poniendo rumbo hacia el este.
El 24 de enero de 1600 avistó tres islas desconocidas a los 50º, 40' S de latitud. Los datos sobre su ubicación quedaron cuidadosamente registrados en el diario de a bordo. Los navegantes no pudieron desembarcar por carecer de embarcaciones menores adecuadas, por lo que no hubo acto alguno de toma de posesión y mucho menos poblamiento. Las islas descubiertas por la Geloof fueron bautizadas Sebaldes o Sebaldinas y forman parte del archipiélago de las Malvinas, ubicadas al noroeste de la Gran Malvina.
La Geloof llegó a Holanda el 14 de julio de ese año. Desde entonces las Sebaldinas comenzaron a figurar en las cartas marinas. No se discute que la expedición holandesa llegó a las islas, lo que sí sigue despertando polémicas es si otros navegantes lo hicieron previamente.
Los principales predecesores mencionados como posibles descubridores son Américo Vespucio (1501 – 1502); Hernando de Magallanes (1520); la nave San Antonio, de Esteban Gómez; la expedición del Obispo de Plasencia (1540); John Davis (1592) y Richard Hawkins (1594).
Llegamos a 1598, cuando Sebald de Weert avistó efectivamente a las islas y cuyo descubrimiento ya nadie cuestiona.
Hasta el día de hoy los ingleses siguen atribuyendo –sin pruebas– el descubrimiento a John Davis. Por el lado de España es muy posible –y en este caso hay evidencias concretas al respecto– que el verdadero descubridor haya sido o uno de los capitanes de Magallanes o con más seguridad la nave Incógnita, de la expedición del obispo de Plasencia.
Lo cierto es que ninguna de las partes en disputa puede atribuirse con certeza el descubrimiento. Holanda sí, pero al avistaje de las islas no siguió acto alguno de toma de posesión y mucho menos de poblamiento. Y como se sabe, el descubrimiento por sí solo no otorga derechos.
Los derechos argentinos
Producida la Revolución de Mayo en 1810, la Junta Provisional Gubernativa ya se ocupó de la cuestión. La revolución determinó que la cuestión Malvinas pasara a manos del nuevo gobierno que debió expedirse sobre el tema. El 30 de mayo la Junta declaró que por medio del Ministerio de Marina se ocuparía de sufragar los gastos que demandaran de ese momento en adelante el mantenimiento del personal de la colonia y los de un buque para asistirla. Es claro que consideraba que las islas estaban bajo su soberanía. El documento fue firmado por C. Saavedra y J. J. Paso.
Las autoridades de Montevideo desconocieron a la Junta Provisional y dado el inicio de las hostilidades contra Buenos Aires decidieron retirar a la reducida guarnición de Malvinas en ese momento.
Los sucesivos gobiernos patrios no pudieron prestar demasiada atención a las Islas dados los graves problemas internos que aquejaron a nuestro país. Las guerras por la Independencia, las luchas civiles y la invasión portuguesa a la Banda Oriental hicieron que las fuerzas y recursos disponibles se destinaran a otras necesidades más urgentes.
Las bulas papales, el Tratado de Tordesillas, el posible derecho de descubrimiento, la declaración de Masserano, los Tratados de Utrecht y Nootka Sound, pero por encima de todo el derecho dado por la ininterrumpida presencia entre 1767 y 1811, dan por sentados los derechos de España.
Por su parte Gran Bretaña nada podía presentar a su favor: no había documento internacional alguno que le reconociera soberanía en las islas, no era nación descubridora y solamente había poblado una pequeña isla del archipiélago entre 1766 y 1774 tras lo cual la había abandonado.
Pero cabe ahora hacerse una pregunta: ¿por qué el archipiélago pasó a depender del gobierno de las Provincias Unidas y no de otro Estado? En este punto es donde se aplica el principio de derecho internacional conocido como uti possidetis. Utilizado universalmente establece que al independizarse un Estado de otro este hereda los territorios bajo anterior dependencia de la metrópoli. Malvinas pertenecían a España, al independizarse las Provincias Unidas, por herencia pasan a ellas.
La soberanía de las Provincias Unidas viene dada porque las islas siempre dependieron de la Gobernación de Buenos Aires, al igual que toda la Patagonia.
Esta también es la base que se ha utilizado para defender la soberanía argentina frente a los constantes reclamos chilenos sobre el sur argentino. La región siempre estuvo bajo la jurisdicción de Buenos Aires y nunca de la Capitanía de Chile o de otra Gobernación española. Pudo discutirse por qué parte de la Cordillera de los Andes pasa la línea demarcatoria de límites, pero no que lo que actualmente llamamos Patagonia argentina pertenece a nuestro país.
Los españoles establecieron claramente los límites entre la Gobernación de Buenos Aires y otras dependencias desde el primer momento del inicio del proceso de colonización del territorio.
El 6 de noviembre de 1820 una nave corsaria al mando del coronel de Marina David Jewett recaló en puerto Soledad y a la vista un grupo de cazadores izó la bandera argentina reafirmando nuestra soberanía en las islas. Jewett emitió una nota que dio a conocer a los cazadores presentes planteando que actuaba a nombre del gobierno de las Provincias Unidas de Sudamérica y que concurría a impedir la destrucción de los recursos de las islas.
El acto de toma de posesión fue dado a conocer en la prensa internacional y Gran Bretaña no realizó reclamo alguno. D. Jewett se convirtió en el primer gobernador de las islas bajo gestión argentina desde la declaración de independencia.
Desde entonces se sucederían un total de siete gobernadores hasta la usurpación en 1833, incluido Jewett. La Argentina entonces sumaba un nuevo derecho sobre las islas, el llamado derecho de usucapión, que significa adquisición de un territorio por uso prolongado.
España ocupó Malvinas desde 1767 hasta 1811, es decir durante 44 años. La Argentina las hereda y a estos años sumaría 13 más de presencia efectiva hasta la invasión británica. Por su parte los ingleses no pueden aducir este derecho, si bien están en Malvinas desde 1833 la ocupación surgió como consecuencia de una acción violenta –de facto– que implicó el desalojo del propietario anterior.
En 1823 el gobierno de Martín Rodríguez en Buenos Aires concedió a Jorge Pacheco –asociado con Luis Vernet– la explotación del ganado de las islas y la caza de lobos marinos. Al año siguiente se produjo un intento de colonización encabezado por Pacheco que fracasó. Luis Vernet se dirigió a las islas y comenzó a reparar los derruidos edificios abandonados por los españoles.
Ya siendo gobernador Manuel Dorrego, en 1828 amplió las concesiones dadas a Pacheco y Vernet, otorgándole también la explotación de la isla de los Estados. Vernet desarrolló una intensa labor en los territorios recibidos en concesión. El gobierno de Juan Lavalle y Martín Rodríguez reconoció su labor y como una forma de reafirmar nuestra soberanía creó el 10 de junio de 1829 la Comandancia Política y Militar de las islas Malvinas, otorgándosela a Vernet.
La usurpación inglesa
El 10 de noviembre de 1832 el gobierno de Buenos Aires nombró como nuevo gobernador de las islas al mayor Esteban Francisco Mestiver, enviándolo junto con 25 soldados a bordo de la goleta Sarandí. A los pocos días se produjo una revuelta y Mestiver fue asesinado, siendo reemplazado interinamente por el teniente coronel de marina José María Pinedo.
El 2 de enero de 1833 apareció frente a Puerto San Luis la corbeta inglesa HMS Clío, al mando del capitán John James Onslow quien intimó a Pinedo a desalojar las islas en nombre de la ¿soberanía inglesa? A las 9 la mañana del 3 de enero de 1833 el pabellón argentino fue arriado. Lamentablemente para el honor nacional Pinedo no presentó resistencia y se retiró a Buenos Aires a bordo de la Sarandí, dejando a algunos hombres en el poblado. A los pocos días la Clío se marchó y no quedó autoridad inglesa alguna.
Este hecho es clave para los futuros planteos argentinos. Gran Bretaña actuó de facto, de hecho, es decir por la fuerza. Desalojó una población nativa y comenzó a establecer una colonial. Es de gran trascendencia porque con frecuencia –sobre todo en la actualidad– frente a las reclamaciones argentinas los ingleses han argumentado que ellos respetan los deseos de los habitantes de las islas y que deben participar en la toma de decisiones.
Esto no es así, pues Inglaterra obligó a la población local a retirarse por un acto de fuerza e impuso otra, luego plantea que estos nuevos habitantes y sus descendientes –población implantada por el usurpador– tiene derechos a decidir. Pero incluso la ONU ha rechazado este argumento por considerar a los llamados kelpers como población colonial impuesta por un Estado usurpador.
Conocidas las noticias de la invasión inglesa, el gobierno de Buenos Aires protestó ante las autoridades inglesas por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores y el 17 de junio de 1833 elevó un nuevo reclamo ante Gran Bretaña protestando por la usurpación y el insulto al pabellón nacional. Se afirmó así el derecho español por descubrimiento, por poblamiento y por los sucesos de 1770 cuando los británicos reconocieron la soberanía española. Los invasores respondieron aludiendo que la Clío había actuado por órdenes del gobierno inglés y justificaron la usurpación.
El 22 de agosto de 1833 se produjo un alzamiento en las islas encabezado por el famoso gaucho Antonio Rivero. El tema ha dado lugar a la polémica entre los historiadores. La realidad parece indicar que Rivero se rebeló reclamando el pago de sueldos atrasados y asesinó a la única autoridad argentina, Juan Simón, y a cuatro personas más.
Los asesinatos generaron la dispersión de la escasa población existente, y el 8 de enero de 1834 arribó la fragata HMS Challenger comandada por el capitán Seymour quien envió para poner orden. Al carecer de leyes para juzgarlos decidió enviarlos a la única autoridad de referencia, es decir a Buenos Aires, lo que implicaba reconocer la soberanía argentina. Desde entonces no hubo autoridad argentina alguna hasta la recuperación del 2 de abril de 1982.
H. Smith se encargó de la administración de las islas y en 1838 renunció. La colonia quedó a cargo del teniente Robert Locway, sucediéndolo luego otros oficiales navales. La usurpación inglesa se consolidó a partir de 1841 cuando el 23 de agosto el Sscretario de Colonias Lord John Rusell estableció el cargo de teniente gobernador de las Islas, intentando dar forma al gobierno.
El primer gobernador inglés fue el teniente Richard Clement Moody y durante su gestión de dispuso el traslado del poblado de Puerto Soledad, o San Luis, a un punto más al sur, hacia Puerto Williams o Groussac, lugar donde está ubicada la actual capital malvinense.
En marzo de 1835 Juan Manuel de Rosas asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires y continuó las gestiones para la recuperación de las islas. A partir de ese momento todos los años Rosas trató el tema de la usurpación al dirigirse a la Sala de Representantes provincial bajo estos términos
Aquí es donde aparece una cuestión que sigue despertando polémica entre los historiadores. Existe una correspondencia entre Rosas y Manuel Moreno –embajador en Londres– en la que el primero desliza al segundo la posibilidad de sugerir al gobierno inglés el pago de la deuda del empréstito Baring usando para ello las islas Malvinas.
Para historiadores como E. Celesia y R. Caillet Bois Rosas directamente quiso cambiar las islas por dinero, mientras que para otros, como V. Sierra, fue una maniobra para obligar al gobierno invasor a reconocer la soberanía argentina sobre las islas, pero no había intención de cambiar las tierras por dinero.
Mientras tanto los reclamos continuaron durante todo el gobierno de Rosas hasta su derrocamiento en 1852. Por su parte Luis Vernet también realizó insistentes gestiones ante la violación de nuestra soberanía y por las pérdidas que le generó la usurpación, que nunca fueron escuchadas.
En 1845 se concretó un nuevo ataque británico contra nuestra soberanía al iniciarse el bloqueo anglo–francés. En esta ocasión, pese a la superioridad de fuerzas, los agresores serían derrotados.
En 1851 comenzó la organización de la Falkland Island Company, que con el paso del tiempo se convirtió en el poder económico más importante del archipiélago. En la actualidad continúa siendo uno de los factores que más presión ejerce para impedir el reintegro de las islas a la Argentina.
En su fundación y dirección tuvo un papel de gran importancia Samuel Lafone, conocido comerciante que actuó desde Montevideo y contribuyó a la agresión anglo–francesa contra la Confederación, siendo uno de los principales interesados en impedir la reincorporación de la Banda Oriental a nuestro territorio.
Tras la caída de Juan Manuel de Rosas en Caseros, la Confederación comenzó un nuevo proceso de conflictos internos y externos que acapararon la atención de los sucesivos presidentes.
En febrero de 1854 se produjo un nuevo incidente en las islas. Una nave de guerra británica capturó a dos buques norteamericanos dedicados a la caza de focas. Al llegar a Puerto Stanley se encontró con el USS Germantown, nave de guerra norteamericana al mando del capitán William F. Lynch, quien puso en duda el derecho inglés a apresar naves norteamericanas aduciendo la soberanía argentina sobre las islas. La cuestión suscitó una serie de entredichos diplomáticos entre Estados Unidos y Gran Bretaña que no llegaron a mayores.
Mientras tanto los esfuerzos nacionales se concentraron en las discusiones diplomáticas con Chile al agudizarse las disputas por la Patagonia. En aquellas inhóspitas latitudes, dominadas por las inclemencias de la naturaleza, la soledad y el peligro constante de los indígenas se destacarían dos figuras enormes de nuestra Historia: Francisco P. Moreno y Luis Piedrabuena. Ambos escribieron páginas y páginas de heroísmo por defender la soberanía argentina en el sur.
La cuestión de los derechos argentinos volvió a la palestra cuando en 1869 José Hernández publicó un artículo en el periódico El Río de la Plata en el que incluyó una carta de su amigo el comandante Augusto Laserre donde describió las islas que había visitado a raíz de la investigación del siniestro de un mercante italiano.
La guerra contra el Paraguay y los conflictos entre unitarios y federales hicieron que la cuestión de Malvinas fuera relegada. Por otro lado se produjo un notable adelanto en la afirmación de nuestros derechos sobre la Patagonia gracias al éxito de las sucesivas campañas al desierto que alejaron para siempre el peligro de los malones, permitieron la afirmación del pabellón nacional hasta los confines de nuestro territorio y desbarataron las acciones que desarrollaban los indígenas en complicidad con Chile.
Extractado de un artículo publicado por Sebastián Miranda en la revista Defensa y Seguridad Mercosur, Buenos Aires, Defensa y Seguridad, 2009, Año 9, Nro 48, pp. 49-61