'Las mil y una noches' en nueve días con Alí Babá y sus cuarenta

Nueve días y muchos más que nos tendrán encerrados para no mirar todo lo que nos falta y todo lo que nos niegan tener legítimamente

Por Daniel Gallardo

opinión

Es cierto que debía hacerse algo para detener el incontrolable avance agresivo y mortal de la segunda ola de la pandemia de COVID-19, con contagios y muertos que ya se cuentan por miles.

En un país que está muy lejos de tener a su población vacunada, en la semana en que la Organización Mundial de la Salud confirmó que las vacunas que hoy por hoy circulan por el planeta son el arma letal que está frenando el ímpetu del coronavirus y sus muchas cepas de supervivencia.

Una Argentina inundada de contradicciones e intrigas en sus bastiones políticos, lejos de lo que le ocurre al país y a sus habitantes.

Una nación donde su cara social y económica están imbuidas dentro de un delicado caparazón que presiona en dos sentidos: contenerse o constituirse en una verdadera explosión en las calles del país.

Y esto último porque la gente no da más, ya no se le puede pedir esos esfuerzos que sectores privilegiados no solo no lo hacen, sino que por esa condición están eximidos de ejecutarlos.

Hoy, el país en silencio, como en aquel abril del 2020 cuando solo se escuchaban los grillos en la noche y solo los pájaros al amanecer, intenta responder ante tantas muertes y con un sistema de salud plenamente colapsado.

La rapsodia de los nueve días, que podrían ser 20 días más y porqué no, un par de meses, es solo para detener los mortales zarpazos del coronavirus.

Como queriendo responder en algo al titánico esfuerzo de médicos, enfermeros y terapistas que con brazos muy cansados y sin espacio ni elementos, intentan salvar a los pocos ciudadanos que logran soportar la rigurosidad de la neumonía bilateral, allí donde el virus se ensaña con todos.

Pero el argumentado encierro también tiene la estratégica señal a todos los sectores sociales del país de que se intenta parar el rimo violento de la pandemia.

Mientras, detrás de la decisión transmitida en cadena nacional y aprovechada por todas las gobernaciones, sin distingo doctrinario alguno, está para ocultar la falta de esas vacunas que mintieron llegarían en tiempo y forma, para que toda la República Argentina ingrese a la mitad del 2021 con una franca recta hacia el control de la pandemia.

Eso hoy no será así, y por consiguiente, los difíciles tiempos serán más prolongados con sus nefastas secuelas.

Mientras tanto, y cuando todos –temerosos– estemos encerrados, la maquiavélica máquina de llevar agua a su molino estará planificando, por ejemplo, de qué manera quiebra la resistencia para producir esas necesarias y cuestionables modificaciones en un ala muy importante de la Justicia.

Con ese oscuro objetivo de cubrir definitivamente las huellas de la corrupción que tanto dañó (¿daña?) al país. De qué manera se le dobla definitivamente el brazo al campo y sus díscolos productores. De qué manera se direcciona la institucionalidad para bajar sus defensas constitucionales y transformar a la Nación en unicato en el que nadie piense, cuestione y mucho menos controle o señale lo incorrecto.

Nueve días y muchos más que nos tendrán encerrados para no mirar todo lo que nos falta y todo lo que nos niegan tener legítimamente.

Nueve días y muchos más para no pensar en lo que viene, que no será para nada fácil.

Porque cuando haya pasado la tormenta del huracán COVID el terreno argentino solo notará un sistema de salud que costará muchísimo levantar, una educación que llevará su buen tiempo en recuperar. Una economía harapienta, con un nuevo sistema llamado pobreza al que es fácil arribar y difícil despegarse.

Pero todo eso, no importará.

Porque el sistema político, inmunizado hace mucho tiempo con oportunos privilegios inoculados, estará entretenido en otras importantes cuestiones que, a su criterio, son prioritarias.

Todo un tema demostrativo, digno de fantásticas narrativas, que en este caso se arriman dolorosamente a la realidad con Las mil y una noches en nueve días con Alí Babá y los cuarenta.