Rai Art: la mujer renacida tras un gravísimo accidente

La historia de superación de Rai Art es botón de muestra de que todo lo que uno se propone se puede lograr.

Por Carlos Fernández Giménez

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Si debiéramos recurrir a un caso para concluir que todas las cosas son pequeñas, en la vida, cuando vemos que un lomo de burro nos retrasa un poco hacia nuestro destino y, eso, nos pone de mal humor, mejor será respirar profundo. Para, tal vez, conocer lo que le sucedió a una fortísima argentina: Rai Art.

Corría 2006 cuando la mujer sufrió un accidente de tránsito que la llevó a estar un año internada, lapso en la que fue objeto de unas 30 intervenciones quirúrgicas, tras haber experimentado una grave factura de cráneo, además de las fracturas de cadera, brazos y piernas. Pero igual siguió adelante y hoy es un ejemplo de superación personal que se traduce en los papales que cumple socialmente como maratonista, periodista y artista plástica.

“Hoy tengo 38 tornillos en la cadera y eso me ha hecho tener que saber vivir por ejemplo, a la hora de tomar un avión o de ir al supermercado ya que todos los sistema suenan cuando paso yo”, dice con mucho ánimo.

Rair Art tiene una placa en la cabeza, los tornillos en la cadera, en una pierna un tornillo de dimensiones que sube desde el tobillo y correcciones quirúrgicas en diversas partes del cuerpo que incluye hasta las manos.

Con toda esa carga sobre su cuerpo, mente y espíritu, es que la mujer un decidió hacerse al camino para correr maratones y que en un principio desaconsejaban los mismos médicos por el impacto que podría tener sobre su físico.

“Al principio me decían que no. Después me aprobaron maratones de 5 y 10 kilómetros y que debían tener al menos unos 6 meses de diferencia entre una competencia y otra. Cuando hice lo contrario la verdad es que la pasé muy mal. Porque yo soy una persona que necesita más tiempo de recuperación, mi cuerpo no es normal”, aclara.

Al día de hoy, luego del doloroso y dificilísimo proceso que supo superar con creces, Rai Art, sigue reconociendo el apoyo recibido por su familia y que el accidente automovilístico para ella fue un motivo para capitalizar buenas experiencias para su vida basada en lo que se puede hacer todo el tiempo en materia de superación personal.

Su carrera de abogacía la finalizó mientras seguía con su recuperación en instituciones médicas como el Fleni, hospital privado en Buenos Aires especializada en neurología, neurocirugía y rehabilitación: “Terminé la carrera cuando seguía con las internaciones en el Fleni. En el último proceso de mi estadía hospitalaria tenía espacios de tiempo para salir que los aprovechaba para ir a estudiar. Iba en silla de ruedas acompañada de mi papá o mi mamá”, recuerda.

Confesa amante del vino, repasa que cuando retornó a su hogar, “venían los fisioterapeutas todos los días. Además, tenía que ir a cognitivo y fonoaudiólogo. Porque si tenés traumatismo de cráneo corre riesgo la memoria. No sabía cómo escribir ni caminar. Tuve que aprender todo otra vez”, manifiesta. Y agrega: “Siempre les recuerdo a mis hijos que no podía caminar ni para atrás ni para los costados. Era terrible para mí”, admite quien luego de los 38 clavos en su cadera logró dar a luz.

En todo este proceso Rai Art, lo único que lamenta es haber dejado de lado el buceo, disciplina deportiva que le apasiona: “Lo único que me quedó es una pierna un poco más corta . Y lo que tuve que dejar de hacer es buceo. Por la placa de porex que tengo en la cabeza por lo que no debo bajar a cierta profundidad dentro del agua”.

Cuando inició su periplo de recuperación en un gimnasio ella misma se entusiasmó con lo de las carreras pedestres luego de observar a un grupo de entusiastas de las maratones y de pronto se vio participando en un suceso en Puerto Madero, acompañada por su padre y un amigo. Mas tarde logró participar en Berlín, Alemania, en Londres, Inglaterra, y en Chicago, Boston y Nueva York, en Estados Unidos. En marzo de 2019 completó lo que se conoce como las grandes maratones del mundo, o World Marathon Majors en inglés, cuando participó en Tokyo, Japón.

En su incursión en el arte la atleta ha logrado incorporar una técnica propia, donde el vino está siempre presente, por la que ha llegado a vender obras en países como en Canadá. También varias para locales en el mismo Buenos Aires.

Entre los lugares que pondera para disfrutar marcó a Mendoza como uno de sus preferidos, que conoció un tanto después de su relación con el vino: “Me encanta, sobre todo por sus montañas y que he disfrutado cuando pude ir a esquiar”.

“Aunque no lo crean nunca fui a conocer una bodega pero tengo la invitación pendiente de Mauro de la Bodega Bobo Wines que posee su establecimiento vitivinícola en la Finca Trapezio, en la localidad de Aírelo, en Luján de Cuyo y que tiene entre su gama de productos a vinos de la variedad Bonarda que me encantan”, resalta.

Incluso una de las etiquetas de dicho establecimiento está resuelta con un cuadro de Rai Art: “Para la etiqueta dibujé a un lobo vestido en traje, lentes y un corbatín que me encantó y por eso lo apliqué. Aunque nunca mostré mi arte en galería alguna he logrado vender algunas obras pintadas en vivo en algún suceso donde se están degustando vinos. Algunas de esos cuadros pintados al óleo se pueden apreciar en mi página web raichuart.com.ar”.