Los argentinos en problemas y el péndulo del dedo
30 Abril de 2018 - 07:38
30 Abril de 2018 - 07:38
30 Abril de 2018 / Ciudadano News / Nacionales
Inflación, bajos salarios, economías regionales todavía en problemas, tarifas de servicios esenciales por las nubes, aumentos de combustibles y la necesidad de obtener mensualmente $18 mil para que una familia no sea pobre, son los tantos problemas con los que se despierta, vive y duerme a diario el ciudadano de la Argentina. En el caso de Mendoza supera los $15 mil para que un hogar esté en la línea de flotación de la pobreza.
Lo dramático de todo esto es que allí la gente tiene sobre sí misma el péndulo del dedo de los que le señalan que el país, manejado por oligarcas y refinados CEO, va camino a la colisión más dura de la historia. Actitud que conlleva a una inaceptable desestabilización institucional de la Nación, sin importar consecuencias y mucho menos que sea una salida para comenzar a solucionar la multiplicidad de problemas que tiene el argentino. Que de hecho jamás podría ser esa salida.
El mismo péndulo del dedo de aquellos que en su mayoría fueron responsables de mantener un escenario económico y financiero mentiroso que tuvo atrapado más de una década a todo un país, sus reservas y su proyección. Lesionando gravemente la obra pública y las inversiones que acrecentarían la matriz energética. Cuestión que no se concretó porque se robaron con total impunidad cientos de miles de millones de pesos de fondos presupuestados o licitados para fortalecer el potencial energético nacional. Los mismos que se retiraron con inflación y dejando en absoluta precarización el vivir de los argentinos.
Está también, el péndulo del dedo de los que gobiernan con impericia en tantas áreas, sobre todo en aquellas que le deberían indicar que la gente no da más. Que no se le puede pedir más de lo que ya le ofreció al país. Ciudadanos que necesitan respuestas para comenzar a salir de ese precario cono de sombra a donde son llevados a recluirse sin expectativa de vida en la inmediatez. Péndulo del dedo que señala un camino donde el único que pone el hombro es el ciudadano común junto a su familia y al que se le hacen fuertes reflexiones de cómo estaba el país, de cómo está y de cómo estará en algún tiempo. Como si ese argentino haya sido responsable de los tiempos ciclotímicos en el que la economía, los desaciertos y los erráticos rumbos de los diferentes gobiernos llevaron al país donde está.
El péndulo del dedo que señala acusaciones cruzadas entre los que ya fueron y los que hoy están. Los mismos que bochornosamente se trenzan en el recinto de sesiones, cual malevos del 900, por el costo de las tarifas, de las que solo se hace cargo una parte de la ciudadanía que con mucho sacrificio las afronta, mientras el grueso de la gente abandonó campos productivos y pequeñas y medianas empresas o dejan caer los medidores de gas y energía eléctrica domiciliaria por ser imposible pagar el aumento de esos servicios básicos que la administración nacional se resiste rever.
El péndulo del dedo le señala a la gente que su vida se devalúa a pasos agigantados. Aspecto que no parece acusar recibo el Gobierno ni la oposición. Cómo será de difícil este segmento que vive la Argentina, que el costo de vida de sus habitantes es ya incalculable.
El péndulo del dedo que no señala a los que especulan, alimentan la inflación y siempre sacan su mejor tajada. Los que negocian descaradamente con aspectos sensibles y esenciales del vivir de la gente, como los medicamentos, alimentos o, ya que hablamos de servicios, con un cilindro de gas. El mismo que alguna vez fue rotulado como garrafa social, sin embargo de social no tiene nada y de buen negocio para la actitud mafiosa de distribuidores, todo.
El país tiene problemas. La Nación está en problemas y éstos repercuten directamente en el corazón ciudadano. Negarlo es una necedad de quienes gobiernan. Atizar el fuego de esos problemas es una inaceptable vileza de quienes quieren destruir el país. Mover el péndulo del dedo desde ambos sentidos sobre la osamenta de la gente es una inmerecida acción que podría tener esas reacciones que todavía no demuestra el ciudadano común, pero que sería sensato que no se las buscara si se quiere una Argentina definitivamente lejos de aquellas crisis con dañinas secuelas, que la hicieron retroceder en todo campo de acción que implique crecimiento y desarrollo de cada uno de los más de 44 millones de sus habitantes.
No se puede decir que no hay otras alternativas. No se pueden haber agotado o acotado las salidas que tiene el país para despegarse del duro momento. Es momento que se coloque esa ingeniería intelectual y pragmática de los que saben de política económica y social. También es momento de hablar de sacrificio generalizado, donde el péndulo del dedo recaiga sobre todos. Igualitario y con justicia, sobre todos y por sobre todos.
Daniel Gallardo – Periodista de Medios del Grupo Cooperativa