Este 5 de diciembre quedará marcado en la historia de la Fuerza Aérea Argentina. El país recibe los primeros seis cazas F-16 (cuatro biplazas y dos monoplazas), un paso decisivo que pone fin a más de diez años de indefensión aérea tras la baja del sistema Mirage.
"Hoy no estamos en conflicto, pero cuando entras en una guerra peleas con el ejército que tienes, no con el que desearías", explicó Andrei Serbin Pont, analista en geopolítica y defensa, en diálogo con este medio. El experto destacó que esta incorporación permite a Argentina volver a "pensar en capacidades del siglo XXI", incluyendo radares modernos y misiles de largo alcance.
La operación logística es compleja: las unidades llegan pilotadas por aviadores daneses, con copilotos argentinos en las versiones biplaza, y reabastecimiento en vuelo provisto por Estados Unidos. Aunque la prioridad es la disuasión (especialmente ante incertidumbres geopolíticas regionales como las elecciones en Chile), Serbin Pont subraya que esto también abre el debate sobre la necesaria actualización de la "Ley de Derribo" para el control efectivo del espacio aéreo.