Aseguran que Argentina no está preparada para un proyecto país

El análisis concluye que el país seguirá con la dinámica de las divisiones irreconciliables que sólo construyen parcialmente.

Por Carlos Fernández Giménez

13 Marzo de 2021 - 09:53

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13 Marzo de 2021 / Ciudadano News / Nacionales

Un repaso minucioso por distintas etapas que atravesó la República Argentina demuestra que las grietas no fueron, no son y tampoco serán las únicas en el corto o en el largo plazo.

Un sesudo análisis bajo ese enfoque sostienen que no serán resueltas hasta que todos estemos en condiciones de dialogar con respeto. Más aún, dispuestos a escuchar a quienes consideramos como adversarios de manera tal que analicemos sus argumentos con el único propósito de tener un verdadero proyecto de país.

Así lo afirma el economista mendocino Alejandro Trapé, quien sostiene que “la sociedad argentina es una sociedad desencontrada, incluso enemistada. Usted puede decirme que en todas las sociedades hay enfrentamientos, que no es algo propio de los argentinos. Y tiene razón”. 

“Pero sucede que en Argentina los simples disensos se transforman en discusiones de sordos, en posturas irreductibles, en enfrentamientos irreconciliables... en grietas. Entonces ya nadie escucha al otro, ni lee autores que no coinciden con su visión, ni escucha discursos de opositores ideológicos, nadie valora acciones positivas si vienen del enemigo, ni cambia de opinión frente a nuevos argumentos... Cuando nace un disenso en algún aspecto (por ejemplo, vacuna sí o no) sólo hay que esperar un tiempo y la simple dinámica de los medios y las redes sociales lo convierte en grieta”, continúa en su reflexión.

Al Director del Centro de Investigaciones y Vinculación Económica, CIVE, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCUYO, siempre lo ha desvelado discernir “dónde comenzaron estos desencuentros en la historia argentina,  quién inició el fuego. Determinarlo es difícil, no sólo porque seguramente no existe un hecho puntual que haya disparado las disputas, sino porque cuando identificamos un momento de alta tensión siempre encontramos que responde a una tensión anterior...  Quien tiró una piedra, siempre lo hizo en respuesta a piedrazo recibido antes”.

“Tenemos en la mano la punta de un ovillo cuyo otro extremo se pierde en la oscuridad de la historia y por más que tiremos de él resulta imposible llegar al inicio e identificar al culpable de iniciar el fuego”, sostiene.

Y añade: “Hoy tenemos una grieta profunda que se alimenta de varias dicotomías:  Estado-mercado, liberalismo-progresismo, eficiencia-equidad, individualismo-solidaridad, mérito-igualitarismo, etc.. Dicotomías que existen en todas partes, pero que acá se vuelven irreconciliables y sobre las cuales las posibilidades de diálogo casi no existen.  En este momento tenemos un gobierno que dice adherir al progresismo, estatismo, solidaridad y equidad. Atención, me permito ponerle estas etiquetas al gobierno actual pero con serias reservas, en realidad no creo que sean posturas homogéneas dentro del Gobierno, ni que sean opiniones genuinas o que hayan adherido a ellas desde siempre”. 

Pero pensemos como lo hace Trapé, quien indica que “hace poco tuvimos por cuatro años un gobierno adherido a las posturas contrarias, antes por doce años otro creyente nuevamente a estas y en los noventa otro proclive a las contrarias. Incluso varios personajes participaron de varios o de todos ellos. En realidad, como afirmaba en "La suerte de Angela", gobiernos tan diferentes ideológicamente llegaron al poder por elecciones, nosotros los pusimos allí.  Lo preocupante no es que los políticos de turno tengan ideas tan diferentes, sino que la sociedad no se pueda decidir por ninguno de ellos y los cambie con tanta frecuencia”.

“Podemos pensar que el extremo en el cual nos situamos hoy es reacción a las debacles sufridas por el liberalismo en los 90 (nuevamente una licencia, en rigor un pseudo liberalismo que quemó las banderas del liberalismo). Entonces, ¿los 90  iniciaron el fuego? No lo creo, aquel pseudoliberalismo fue una abierta respuesta de la sociedad al estatismo de los 80 que nos había llevado al desastre fiscal e hiperinflacionario. ¿Entonces fueron los 80? Tampoco lo creo, porque los 80 fueron por su parte una respuesta de restauración democrática de los argentinos frente a los excesos de una dictadura feroz en lo social y muy poco eficaz en lo económico”, analiza.

“¿El fuego fue iniciado por el proceso?”, se pregunta a si mismo. Entonces inmediatamente responde: “No creo, la dictadura militar fue una brutal respuesta a una situación caótica de los 60 y 70, donde las potencias de la Guerra Fria usaron nuestro continente como campo de batalla para no ensuciar su territorio y para cuidar sus ciudadanos luego del trauma de Vietnam. Chocaron en las calles argentinas con sus fuerzas revolucionarias entrenadas en la Isla y su Plan Cóndor, sembrando en las cabezas de nuestros jóvenes la semillas de izquierda y derecha que representaban el debate ideológico de la época”.

“¿Esa lucha brutal con miles de muertos a fines de los 60 y comienzos de los 70 fue el inicio de nuestros desencuentros? Creo que no. Las ansias de revolución violenta de los 60 no nacieron de un zapallo y la consecuente represión mortal de la AAA y los militares les salió al encuentro. La reacción de las agresivas juventudes revolucionarias, que dieron su primera señal con el secuestro y asesinato de Aramburu y luego exacerbaron y llevaron  a las armas las propuestas del clero tercermundista, fueron en realidad también una respuesta a la represión que cayó a partir de 1955 sobre el partido peronista y sobre otros sectores de la sociedad, que debieron esperar 17 años para volver a ejercer su derecho democrático en elecciones abiertas”, afirma aludiendo a trabajadores, estudiantes e intelectuales, entre otros grupos. 

“¿Fue la revolución libertadora la culpable entonces, al derrocar a Perón en 1955? Creo que no. En realidad esta represión a estudiantes y trabajadores (lápices, cordobazo), sumada al fusilamiento de militares leales a Perón, representada por un "partido militar" y que nunca pudo ser impedida por los radicales (Frondizi, Illia, Balbín), fue una respuesta a los excesos cometidos por el peronismo en la etapa 1946-55, que  basado en el fascismo europeo y en una caja repleta de dinero, dividió a la sociedad, silenció a la prensa y demonizó a sus opositores e instaló una extrema idolatría de sus líderes”, agrega.

Y se vuelve a preguntar en voz alta hilvanando su propia respuesta: “¿Fue Perón entonces? Creo que no, porque la llegada del peronismo tampoco fue una reacción casual ni extemporánea. Fue respuesta a situaciones previas de notable abusos en las relaciones laborales, desigualdad en los ingresos y la riqueza dentro de un país, hasta ese momento relativamente próspero. Como muchos dicen, si Perón no hubiese existido, el primer populismo hubiera llegado de la mano de alguien más, un poco antes o después, ya que la débil democracia y la desigualdad tenían ya el terreno preparado para recibirlo. Como sucedió en casi todos los países latinoamericanos, muchos de los cuales hoy no lo tienen”.

Claro, muchos conocemos que Perón trajo a la escena a millones de personas postergadas en lo económico y en lo político, ya que no existía el voto femenino y las elecciones tenían un alto grado de fraude. “Fue respuesta a conservadurismo de elite, que a su vez en 1930 había desplazado ilegalmente al primer movimiento de masas que encabezara el radicalismo de Alem e Yrigoyen, que en los inicios del siglo XX había comenzado a romper el círculo del fraude eleccionario con la Ley Saenz Peña y a desplazar a la generación del 80 del poder”, ilustra el reconocido economista.

Y cuando sigue en su pensamiento repasando hacia hacia atrás en la historia argentina afirma: “Atravesaremos Pavón, Cepeda, Caseros, las disputas entre Buenos Aires y el resto del país, luchas entre unitarios y federales, las sangrientas guerras posconstitucionales, las guerras civiles de la independencia... Todas son "respuestas a", y el hilo se nos pierde en el túnel oscuro de la historia y su extremo no aparece”.

“Un fuego siempre ardiendo, que nos quemado pero no nos ha purificado. La grieta de hoy no es la primera, ni será la última. Las dicotomías que la alimentan no van a desaparecer, porque son extremos conceptuales que no dependen de ninguna coyuntura en particular. Pero lo relevante no es eso, no podremos zanjarlas ni borrarlas pero ojalá pudiéramos discutir sobre ellas y buscar puntos de acuerdo que permitan avanzar”, afirma.

Entonces es cuando llega para el hombre el momento del coronario: “¿Estamos dispuestos los argentinos a dialogar respecto de temas como Estado-mercado, liberalismo-progresismo, eficiencia-equidad, individualismo-solidaridad, mérito-igualitarismo? ¿Estamos dispuestos a escuchar a nuestros adversarios y analizar sus argumentos? ¿Estamos listos para ceder y acordar?”

Lamentablemente, Trapé cree que no. “Pienso que seguiremos con esta dinámica de respuestas que construyen sólo parcialmente y no conducen a un proyecto de país, tan mentado, tan idealizado y tan esquivo”, concluye.

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