La zona núcleo argentina atraviesa semanas determinantes bajo una presión climática que ya muestra sus primeras cicatrices. Según los últimos relevamientos, el centro del país registró un déficit hídrico severo durante enero, con acumulados que apenas alcanzaron los 38 mm frente a la media histórica de 110 mm. Este escenario ha provocado un estrés generalizado en la soja de primera y el maíz tardío, con zonas como Pergamino reportando caídas de hasta el 50% en su potencial de rinde.
Un combo letal: clima adverso y mercados en rojo
El panorama productivo se ve agravado por un frente externo desfavorable. En la Bolsa de Chicago, los precios de los commodities agrícolas han mostrado una tendencia bajista marcada por el fortalecimiento del dólar y la sobreoferta de granos en Estados Unidos. La soja ha operado con alta volatilidad, mientras que el maíz se ve arrastrado por stocks récord en el hemisferio norte, lo que recorta la rentabilidad del productor local que ya debe lidiar con costos crecientes.
Especialistas del sector advierten que, de no normalizarse las precipitaciones en la primera quincena de febrero, las proyecciones de exportación —que inicialmente apuntaban a niveles récord— sufrirán recortes drásticos. Esto no solo afecta al sector privado, sino que pone en jaque la estabilidad macroeconómica y el flujo de reservas del Banco Central, fundamentales para el esquema financiero del año en curso. La mirada del campo está hoy puesta en el cielo y en las pizarras de cotización, esperando un alivio que evite un nuevo desastre productivo.