"La chica del Vaticano": la Justicia acorrala a la amiga de Emanuela Orlandi y sospechan que sabe quién se la llevó
A 42 años de la desaparición que narra el documental de Netflix, imputaron a una ex compañera de la escuela de música. La mujer alegó tener "lagunas mentales" sobre el momento del secuestro, pero recibió una llamada clave de los captores.
El misterio que involucra al Vaticano y que se convirtió en un fenómeno global gracias a la serie documental de Netflix"La chica del Vaticano", acaba de sufrir un vuelco judicial inesperado. La Fiscalía de Roma decidió imputar formalmente a Laura Casagrande, una ex compañera de la escuela de música de Emanuela Orlandi.
Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983 en la Ciudad del Vaticano y, hasta la fecha, no hay novedades de su paradero.
Bajo la acusación de brindar falso testimonio, Casagrande quedó en el centro de las miradas a 40 años de la desaparición de Emanuela. La Justicia sospecha que la mujer, hoy de 57 años, sabe mucho más de lo que dice sobre los últimos minutos en los que la joven de 15 años fue vista con vida aquel 22 de junio de 1983.
Para el público argentino que siguió la miniserie de streaming, este nombre puede resultar una pieza nueva en el rompecabezas. Hasta ahora, las teorías más fuertes apuntaban a la mafia de la Banda della Magliana, a la logia P2 o a una red de pedofilia dentro de la Santa Sede. Sin embargo, la investigación ha vuelto al "círculo cero": las personas que estuvieron con Emanuela en la vereda de Corso Rinascimento, justo antes de que se subiera a ese misterioso auto negro.
"No recuerdo": las 19 amnesias que despertaron la sospecha
El detonante de la imputación fue la reciente declaración de Casagrande ante la Comisión Parlamentaria que investiga el caso. Durante dos horas de interrogatorio, la mujer respondió 19 veces con la frase "no recuerdo" ante preguntas cruciales sobre qué hicieron al salir de clase.
Emanuela Orlandi estudiaba en la Escuela de Música Tommaso Ludovico Da Victoria, donde estudiaba flauta traverso.
Lo que inquieta a los fiscales es la contradicción flagrante. En 1983, Casagrande había declarado haber visto a Emanuela en la parada del colectivo; luego cambió la versión diciendo que la vio de lejos.
Ahora, asegura tener un "vacío total" de memoria. "¿Olvidar haberla visto el día que desapareció? Es difícil digerir una respuesta así", le recriminó el presidente de la Comisión, Andrea De Priamo.
La sospecha es clara: ¿está ocultando información por miedo? La propia imputada confesó un dato escalofriante: tras la desaparición, tuvo tanto pánico que se escondió durante dos meses en un "lugar secreto" en Umbría.
La llamada del "Americano" y la conexión con Netflix
El rol de Casagrande siempre fue inquietante. Dos semanas después del secuestro, el teléfono de su casa sonó. Del otro lado, la voz de un hombre con acento extranjero, conocido en el caso como El Americano, reivindicó el secuestro para exigir un intercambio de prisioneros.
Pietro Orlandi, el hermano de Emanuela celebró la noticia.
¿Por qué los secuestradores tenían el número fijo de una compañera de clase? ¿Por qué no llamaron directo a la familia o al Vaticano? Laura explicó en su momento que le había anotado su número a Emanuela en un papelito días antes. Sin embargo, la precisión con la que los captores la contactaron a ella siempre fue un cabo suelto.
En el documental de Netflix, las teorías volaban hacia conspiraciones internacionales, pero esta imputación sugiere una traición o un secreto guardado en el entorno más íntimo de la adolescente. Pietro Orlandi, el hermano de Emanuela y rostro visible de la lucha por la verdad, a quien se ve recorriendo los pasillos del Vaticano en la serie, celebró la medida.
"Es una noticia importante porque ella podría ser la última persona que la vio", dijo en declaraciones a la prensa. Mientras la Justicia presiona sobre la memoria selectiva de Casagrande, el caso demuestra que, cuatro décadas después, los fantasmas de Roma siguen más vivos que nunca.