En un movimiento que desafía directamente al Poder Judicial, Donald Trump anunció el aumento de los aranceles globales del 10% al 15% con efecto inmediato. La decisión surge apenas horas después de que la Corte Suprema de Estados Unidos bloqueara sus políticas comerciales previas por seis votos contra tres. Apoyándose en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, el mandatario busca sortear las limitaciones impuestas por el máximo tribunal, que consideró que el Ejecutivo no tenía facultades para fijar gravámenes globales de forma unilateral bajo la normativa de 1977.
El impacto económico de una decisión unilateral
Esta nueva escalada arancelaria coloca al consumidor estadounidense frente a una tasa efectiva del 9,1%, la cifra más alta registrada desde 1946. Aunque Wall Street mostró una subida moderada ante la previsibilidad del fallo judicial, la incertidumbre reina en el sector minorista. La National Retail Federation advirtió sobre la falta de claridad en las devoluciones de fondos cobrados ilegalmente bajo el esquema invalidado, que podrían alcanzar los 175 mil millones de dólares. Mientras tanto, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, minimizó el impacto fiscal, proyectando ingresos estables para el periodo 2026.
A nivel internacional, la respuesta no se hizo esperar. El presidente francés, Emmanuel Macron, celebró la vigencia de los contrapoderes democráticos, aunque se mantiene cauto ante el nuevo arancel del 15%. En Asia, países como Japón y Corea del Sur intentan blindar sus acuerdos bilaterales, asegurando que las inversiones pactadas no correrán riesgo pese a la volatilidad de Washington. Con este nuevo decreto, Trump no solo refuerza su retórica proteccionista, sino que abre un nuevo capítulo de litigación prolongada y tensiones diplomáticas con socios estratégicos como Canadá y la Unión Europea.

