El inimaginable horror de la prisión militar de Sednaya, Siria, bautizada por sus presos como el "matadero", empieza a tomar conocimiento público internacional. El centro de detención simboliza el horror absoluto de los más de 23 años del ahora derrocado régimen de Bashar al Assad.
De acuerdo a los testimonios, los agentes carcelarios del expresidente torturaron y mataron a presos políticos en esta y otras prisiones a "escala industrial".
Tras la ofensiva fulminante de los insurgentes, conducidos por el grupo islamista Hayat Tahrir al Sham (HTS), miles de personas están siendo liberadas de Sednaya. Las fuerzas de defensa civil siria, denominada como los Cascos Blancos, estiman que entre 20.000 y 50.000 prisioneros fueron rescatados, en solo un día, del complejo de edificios carcelarios, situado al norte de la capital siria, Damasco.
Se estima que hasta 150.000 personas podrían haber estado encerradas en el establecimiento, de las cuales muchas siguen desaparecidas.
Con la apertura de sus pasillos, toman luz nuevos detalles sobre las condiciones de vida terribles en Sednaya. Los Cascos Blancos especulan que entre 50 y 100 personas podrían haber sido ejecutadas a diario y luego quemadas en hornos de cremación.
En este contexto, para los familiares, ha dado inicio una frenética búsqueda del paradero de sus seres queridos encarcelados o desaparecidos, de quienes no tienen información reciente.
Mohammed Abel Asis, por ejemplo, llegó a Damasco desde Alepo, en busca de su padre. Al cabo de un tiempo, supo que las fuerzas de seguridad lo detuvieron en el año 2000, cuando Mohammed tenía solo siete años. "Buscamos en vano un rayo de esperanza", cuenta ahora el treintañero a una agencia de prensa extranjera.
Asimismo, algunos familiares resignados que regresan de la cárcel sin ningún indicio del paradero de su ser amado, celebran funerales simbólicos y ceremonias de duelo, considerando que probablemente nunca volverán a saber de ellos.

