La administración de Donald Trump concretó este miércoles la primera venta oficial de petróleo venezolano por un valor de 500 millones de dólares. A menos de dos semanas de la captura de Nicolás Maduro, el mandatario estadounidense aseguró que el país está "recuperando lo que nos robaron", iniciando así un plan agresivo para liquidar los 50 millones de barriles varados en la Faja del Orinoco. Esta operación marca un punto de inflexión geopolítico, donde el Departamento de Energía actúa como intermediario directo para estabilizar la economía de la nación caribeña bajo el mando interino de Delcy Rodríguez.
Traders globales y el rechazo de ExxonMobil
Para ejecutar este movimiento masivo, Washington recurrió a los gigantes del comercio de materias primas Vitol y Trafigura. Ambas firmas ya movilizaron cuatro millones de barriles hacia terminales en el Caribe, como Curazao y Bahamas. El crudo se está negociando a un precio de mercado de 50 dólares por barril, una mejora sustancial frente a los 30 dólares que recibía el régimen anterior en sus ventas opacas a China. Según fuentes oficiales, el crudo se comercializaría a China y la India; y los ingresos de estas transacciones estarían siendo depositados en una cuenta controlada en Qatar, buscando blindar los fondos de posibles embargos de acreedores internacionales.
Sin embargo, el ambicioso plan de Trump de atraer 100.000 millones de dólares en inversiones enfrenta serios obstáculos. Durante una reunión en la Casa Blanca, el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, calificó a Venezuela como "no invertible" debido a la falta de marcos legales sólidos y seguridad jurídica. Pese a este escepticismo, Chevron se prepara para recibir una licencia más permisiva que permitirá inyectar liquidez directamente en la banca privada venezolana. Con proyecciones de crecimiento del 12% para 2026, el éxito de esta transición depende de la capacidad de EE. UU. para transformar las mayores reservas del mundo en un activo rentable.