Una basílica en el corazón de Roma se ha convertido en el centro de una insólita disputa que mezcla fe y política. Tras la reciente restauración de un fresco en San Lorenzo in Lucina, feligreses y turistas notaron que el rostro de un ángel guardaba una semejanza asombrosa con Giorgia Meloni.
El hallazgo, situado a pocos metros de la sede del gobierno italiano, disparó acusaciones de "delirio místico" y obligó al Ministerio de Cultura a intervenir para verificar si la obra fue alterada deliberadamente para homenajear a la mandataria.
El misterio del restaurador y la intervención del Vaticano
El artista a cargo, Bruno Valentinetti, negó rotundamente haber buscado el parecido, alegando que solo siguió los trazos originales de la obra datada en el año 2000. Sin embargo, el Vicariato de Roma emitió un comunicado tajante aclarando que el cambio en el rostro del querubín fue una iniciativa del decorador no informada a las autoridades competentes. La oposición de centroizquierda denunció una posible instrumentalización del espacio sagrado con fines propagandísticos y exigió una inspección inmediata en el templo, uno de los más antiguos y respetados de la capital italiana.
Por su parte, la propia Giorgia Meloni decidió romper el silencio con un toque de sarcasmo a través de sus redes sociales. "Definitivamente no me parezco a un ángel", sentenció la premier, acompañando una foto de la pintura con emojis de risa. Mientras el debate escala, los técnicos de la Superintendencia ya realizaron un peritaje en el lugar para decidir si el fresco debe ser restaurado a su estado anterior para recuperar su neutralidad. El caso del "ángel Meloni" pone bajo la lupa los límites del arte religioso en tiempos de alta polarización, convirtiendo a la basílica en el sitio más fotografiado de la semana.